Amor, odio, deseo, aversión, alegría, tristeza,
temor, audacia, esperanza, desesperanza, cólera. Todos
estos términos, con sus derivados, concomitantes y
sus ideas afines constituyen, como componentes de los síntomas
patogenésicos, rubros o modalidades repertoriales,
una parte importante de la información que, los veterinarios
aspirantes a homeópatas, debemos utilizar en nuestra
práctica.
Otras palabras como egoísmo, egocentrismo, egolatría,
envidia, celos, avidez, avaricia, belicosidad, indiferencia,
apasionamiento, afectuosidad, escrupulosidad, compasión,
condescendencia, obstinación, etc., son utilizadas
para interpretar o describir los estados que la experimentación
genera en los experimentadores así como los comportamientos
que observamos en nuestros pacientes.
La ignorancia respecto de la naturaleza y la
fisiología de los sentimientos, más adecuadamente
llamados “pasiones” por tratarse de modificaciones
o alteraciones que padece el ánimo (ALMA), ha conducido
al uso erróneo de valiosa sintomatología (con
el correspondiente fracaso en la práctica) o al rechazo
de los impropiamente llamados “síntomas mentales”
en la elaboración de las anamnesis veterinarias.
Según el Profesor Alfonso Masi Elizalde,
vistos desde cierta perspectiva, “todos los síntomas
son mentales”, y yo creo que observando con la mirada
de un homeópata: “todo es conducta”, tanto
lo que describimos como comportamiento cuanto lo que verificamos
como funcionamiento y estructura de los órganos. Entonces
necesitamos conocer al menos qué se entiende por conducta
y cuáles son las causas del comportamiento. Para cualquier
veterinario, debería ser un aspecto importante de su
formación el conocimiento profundo de la naturaleza
de cada especie que deba tratar, con el fin de hacer un correcto
diagnóstico de las modificaciones del comportamiento
de su paciente. Pero para el homeópata es imprescindible.
El homeópata necesita distinguir claramente el significado
de una conducta determinada, precisar cuales son las causas
endógenas y cuales las exógenas de dicha conducta,
determinar la correspondencia y la coherencia entre los estímulos
y las respuestas y, finalmente, dándole el valor sintomático
que tenga en cada caso, integrar esa evaluación a una
comprensión dinámica que permita la individualización
de su paciente y la consecuente elección del medicamento
más apropiado.
Para que quede claro lo que estoy tratando de
decir, debemos hacer un repaso de los fundamentos conceptuales
sobre los que los que se levanta el edificio doctrinario de
la Homeopatía:
1) La Ley de los Semejantes.
2) El Método Experimental.
3) El Vitalismo.
Dando por aceptados el conocimiento y la comprensión
de los dos primeros puntos, quisiera poner especial atención
en el último.
Decimos y sostenemos que la Homeopatía
es una Medicina Vitalista. Esta afirmación ya ha sido
abundantemente fundamentada No obstante, la insuficiente comprensión
de este aspecto de la filosofía homeopática
-y de sus consecuencias-, es la razón principal de
fracasos, decepciones y deformaciones de la práctica.
Toda conducta práctica está motivada
por una ideología y, principalmente, por una serie
de condicionamientos que provienen de la adhesión inconsciente
a una escuela filosófica (incorporada subliminalmente
a través de la educación y el contexto cultural)
y el tipo de conocimientos reales que hayamos podido conseguir.
Hemos sido formados en un tipo de ciencia fundamentada en
el racionalismo cartesiano del siglo XVII, complementado con
el empirismo de los filósofos británicos del
siglo XVIII y reforzado por el positivismo científico
del siglo XIX. Hahnemann, rebelado contra la medicina teórica,
mecanicista y deshumanizada de su tiempo, adhirió a
la corriente de pensamiento médico Vitalista y construyó
un cuerpo de doctrina basado en un concepto aristotélico-tomista
de hombre y la naturaleza. Esta es la razón principal
de nuestras dificultades en la práctica. Por una parte
tratamos de entender los razonamientos vitalistas con nuestra
cabeza positivista y por otra nos han negado el conocimiento
de una parte fundamental de los seres vivos: EL ALMA.
El reconocimiento de la existencia de un PRINCIPIO
VITAL inmaterial unido al cuerpo material conformando con
éste un compuesto substancial. El carácter DINÁMICO
de todos los procesos vitales. Los conceptos de UNIDAD, TOTALIDAD
Y FINALISMO (PROPÓSITO). Estos son, básicamente,
los elementos que identifican al pensamiento vitalista.
En el parágrafo 9 de ORGANÓN se
encuentran estos elementos conceptuales, pero lo que más
nos interesa ahora es que allí se describe la estructura
del compuesto cuerpo material - principio vital. Esta descripción
nos permite una comparación con el modelo aristotélico
dándonos la oportunidad de conocer más detalladamente
las funciones y facultades de la “Fuerza Vital que anima
dinámicamente al cuerpo material, organismo”…
Los vegetales, los animales y el hombre comparten
las facultades correspondientes a las funciones, necesarias
para mantenerse en vida y propagar la especie: alimentarse,
crecer y reproducirse. Estas son las facultades de la vida
vegetativa. Las facultades necesarias para conocer, desear
y moverse en relación con lo que es reconocido como
bueno o malo para la vida, el bienestar del cuerpo y la conservación
de la especie corresponden a la vida sensitiva, que Hahnemann
llama sensaciones y son propias tanto del hombre como de los
animales. Finalmente, el espíritu dotado de razón
o espíritu inteligente de Hahnemann es comparable con
la descripción aristotélica de la vida racional
siendo un orden de facultades propias de la naturaleza humana.
Decía que, dado que todas las actividades
del ser vivo están presentes como potencias en el alma,
necesariamente un animal debe poseer capacidad de conocer,
procesar ese conocimiento, evaluar lo que percibe, y decidir
acercarse o alejarse del objeto. Para ello está dotado
de cinco sentidos externos, cuatro sentidos internos y dos
órdenes de apetitos. Estos últimos están
conformados por dos grupos de pasiones, cada una de las cuales
tiene una función específica manifestándose
según la evaluación del objeto y las circunstancias
en las cuales el sujeto se relacione con él. Así
el amor, el odio, el deseo, la aversión, la alegría
y la tristeza, resultan de la percepción de objetos
deleitables y/o necesarios, es decir buenos o, por el contrario,
enojosos, molestos, negativos, es decir malos para la vida,
el bienestar del cuerpo o la conservación de la especie.
Por otra parte el temor, la audacia, la esperanza, la desesperación
y la cólera promueven el esfuerzo y hasta el combate
para conseguir el bien o evitar el mal.
De este modo la observación de un comportamiento
nos revela la existencia de una pasión y las circunstancias
en las cuales se manifiesta esa pasión hablan de una
evaluación del objeto. Esta evaluación puede
ser o no natural a la especie (el gato huye del ratón,
lo que indica temor) y adecuada o no a las circunstancias
(el gato no huye pero desiste de atraparlo aunque esté
a su alcance, lo que demuestra desesperanza). Conociendo la
fisiología de las pasiones podemos advertir sus alteraciones
y esto nos permite una comprensión dinámica
de las modificaciones de la conducta de nuestros pacientes
no humanos.
Dije antes que visto con los ojos de un homeópata
todo es conducta y esta afirmación está basada
en el concepto de FINALISMO o PROPÓSITO y UNIDAD.
Una de las características propias de todo ser vivo
es la presencia de un propósito, una meta a alcanzar,
una razón para existir. La palabra conducta contiene
la idea de dirección, guía, camino. Es decir,
el conjunto de acciones necesarias para alcanzar la meta.
Por eso, tanto las alteraciones físicas cuanto los
modificaciones del comportamiento son conducta, diferentes
maneras de manifestar los esfuerzos realizados para alcanzar
la meta propuesta. En cada síntoma, de cualquier tipo,
está presente el propósito. Todo lo
que un ser vivo hace, lo hace para algo. Por esa razón
resultaría inútil y, en muchos casos hasta perjudicial,
intentar corregir cualquier expresión de un ser vivo,
sólo por considerarla síntoma de enfermedad,
sin preguntarnos además del por qué, el PARA
QUÉ de dicha expresión. Una acción
es la consecuencia de una pasión, un sentimiento que
se manifiesta en alguna circunstancia. Por ejemplo: Temor
a las tormentas. Acción: Temblores, búsqueda
de compañía, deseo de esconderse en un lugar
seguro, jadeo, inquietud, desasosiego. Circunstancia: Se acerca
o se desató una tormenta. Otro ejemplo: Cólera
por la contradicción: El perrito subió al sofá,
la dueña le ordena bajar y él gruñe,
intenta forzarlo y la muerde. Acción: Amenaza, muerde.
Circunstancia: Se han opuesto a sus deseos. La búsqueda
de protección es la acción resultante de la
presencia del miedo. La agresión en la acción
resultante de la presencia de la cólera. El Temor es
una pasión que se manifiesta debido a la percepción
de un objeto en el futuro que se evalúa como malo y
difícil de resistir. La cólera en una pasión
que se pone en vigencia ante un objeto que se evalúa
como malo y es imposible de evitar. La cólera es la
versión en un nivel inferior, sensible, de la necesidad
de justicia y resulta de una especie de combinación
de tristeza con deseo de venganza.
Ahora bien, no todos los sujetos reaccionan
de la misma manera al mismo estímulo. Un hecho o una
circunstancia pueden provocar reacciones grandes en unos,
moderadas en otros, y ninguna en algunos, dependiendo del
grado de susceptibilidad de cada individuo. Esta susceptibilidad
particular es una de las claves del concepto de individualidad
con que el homeópata se conduce y la razón por
la cual, en la práctica, un animalito podría
necesitar algunos cambios en el trato y algunos ejercicios
de readaptación, otro solamente un medicamento homeopático
y otro las dos cosas.
En fin: Conociendo el comportamiento normal
de los animales de cualquier especie, en relación con
el propósito natural de su existencia, podremos diferenciar,
claramente, las desviaciones de su conducta dirigidas a reducir
el sufrimiento originado en las alteraciones que su dinámica
mórbida particular instalará en su
imaginación. Como dijera Hahmemann
en el parágrafo 3 de su ORGANON: “lo que debe
ser curado en cada caso patológico individual”.
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