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Homeopatía veterinaria y comportamiento

©Dr. Juan Agustín Gómez ©Ediciones Ánima


Amor, odio, deseo, aversión, alegría, tristeza, temor, audacia, esperanza, desesperanza, cólera. Todos estos términos, con sus derivados, concomitantes y sus ideas afines constituyen, como componentes de los síntomas patogenésicos, rubros o modalidades repertoriales, una parte importante de la información que, los veterinarios aspirantes a homeópatas, debemos utilizar en nuestra práctica.
Otras palabras como egoísmo, egocentrismo, egolatría, envidia, celos, avidez, avaricia, belicosidad, indiferencia, apasionamiento, afectuosidad, escrupulosidad, compasión, condescendencia, obstinación, etc., son utilizadas para interpretar o describir los estados que la experimentación genera en los experimentadores así como los comportamientos que observamos en nuestros pacientes.

La ignorancia respecto de la naturaleza y la fisiología de los sentimientos, más adecuadamente llamados “pasiones” por tratarse de modificaciones o alteraciones que padece el ánimo (ALMA), ha conducido al uso erróneo de valiosa sintomatología (con el correspondiente fracaso en la práctica) o al rechazo de los impropiamente llamados “síntomas mentales” en la elaboración de las anamnesis veterinarias.

Según el Profesor Alfonso Masi Elizalde, vistos desde cierta perspectiva, “todos los síntomas son mentales”, y yo creo que observando con la mirada de un homeópata: “todo es conducta”, tanto lo que describimos como comportamiento cuanto lo que verificamos como funcionamiento y estructura de los órganos. Entonces necesitamos conocer al menos qué se entiende por conducta y cuáles son las causas del comportamiento. Para cualquier veterinario, debería ser un aspecto importante de su formación el conocimiento profundo de la naturaleza de cada especie que deba tratar, con el fin de hacer un correcto diagnóstico de las modificaciones del comportamiento de su paciente. Pero para el homeópata es imprescindible. El homeópata necesita distinguir claramente el significado de una conducta determinada, precisar cuales son las causas endógenas y cuales las exógenas de dicha conducta, determinar la correspondencia y la coherencia entre los estímulos y las respuestas y, finalmente, dándole el valor sintomático que tenga en cada caso, integrar esa evaluación a una comprensión dinámica que permita la individualización de su paciente y la consecuente elección del medicamento más apropiado.

Para que quede claro lo que estoy tratando de decir, debemos hacer un repaso de los fundamentos conceptuales sobre los que los que se levanta el edificio doctrinario de la Homeopatía:

1) La Ley de los Semejantes.
2) El Método Experimental.
3) El Vitalismo.

Dando por aceptados el conocimiento y la comprensión de los dos primeros puntos, quisiera poner especial atención en el último.

Decimos y sostenemos que la Homeopatía es una Medicina Vitalista. Esta afirmación ya ha sido abundantemente fundamentada No obstante, la insuficiente comprensión de este aspecto de la filosofía homeopática -y de sus consecuencias-, es la razón principal de fracasos, decepciones y deformaciones de la práctica.

Toda conducta práctica está motivada por una ideología y, principalmente, por una serie de condicionamientos que provienen de la adhesión inconsciente a una escuela filosófica (incorporada subliminalmente a través de la educación y el contexto cultural) y el tipo de conocimientos reales que hayamos podido conseguir.
Hemos sido formados en un tipo de ciencia fundamentada en el racionalismo cartesiano del siglo XVII, complementado con el empirismo de los filósofos británicos del siglo XVIII y reforzado por el positivismo científico del siglo XIX. Hahnemann, rebelado contra la medicina teórica, mecanicista y deshumanizada de su tiempo, adhirió a la corriente de pensamiento médico Vitalista y construyó un cuerpo de doctrina basado en un concepto aristotélico-tomista de hombre y la naturaleza. Esta es la razón principal de nuestras dificultades en la práctica. Por una parte tratamos de entender los razonamientos vitalistas con nuestra cabeza positivista y por otra nos han negado el conocimiento de una parte fundamental de los seres vivos: EL ALMA.

El reconocimiento de la existencia de un PRINCIPIO VITAL inmaterial unido al cuerpo material conformando con éste un compuesto substancial. El carácter DINÁMICO de todos los procesos vitales. Los conceptos de UNIDAD, TOTALIDAD Y FINALISMO (PROPÓSITO). Estos son, básicamente, los elementos que identifican al pensamiento vitalista.

En el parágrafo 9 de ORGANÓN se encuentran estos elementos conceptuales, pero lo que más nos interesa ahora es que allí se describe la estructura del compuesto cuerpo material - principio vital. Esta descripción nos permite una comparación con el modelo aristotélico dándonos la oportunidad de conocer más detalladamente las funciones y facultades de la “Fuerza Vital que anima dinámicamente al cuerpo material, organismo”…

Los vegetales, los animales y el hombre comparten las facultades correspondientes a las funciones, necesarias para mantenerse en vida y propagar la especie: alimentarse, crecer y reproducirse. Estas son las facultades de la vida vegetativa. Las facultades necesarias para conocer, desear y moverse en relación con lo que es reconocido como bueno o malo para la vida, el bienestar del cuerpo y la conservación de la especie corresponden a la vida sensitiva, que Hahnemann llama sensaciones y son propias tanto del hombre como de los animales. Finalmente, el espíritu dotado de razón o espíritu inteligente de Hahnemann es comparable con la descripción aristotélica de la vida racional siendo un orden de facultades propias de la naturaleza humana.

Decía que, dado que todas las actividades del ser vivo están presentes como potencias en el alma, necesariamente un animal debe poseer capacidad de conocer, procesar ese conocimiento, evaluar lo que percibe, y decidir acercarse o alejarse del objeto. Para ello está dotado de cinco sentidos externos, cuatro sentidos internos y dos órdenes de apetitos. Estos últimos están conformados por dos grupos de pasiones, cada una de las cuales tiene una función específica manifestándose según la evaluación del objeto y las circunstancias en las cuales el sujeto se relacione con él. Así el amor, el odio, el deseo, la aversión, la alegría y la tristeza, resultan de la percepción de objetos deleitables y/o necesarios, es decir buenos o, por el contrario, enojosos, molestos, negativos, es decir malos para la vida, el bienestar del cuerpo o la conservación de la especie. Por otra parte el temor, la audacia, la esperanza, la desesperación y la cólera promueven el esfuerzo y hasta el combate para conseguir el bien o evitar el mal.

De este modo la observación de un comportamiento nos revela la existencia de una pasión y las circunstancias en las cuales se manifiesta esa pasión hablan de una evaluación del objeto. Esta evaluación puede ser o no natural a la especie (el gato huye del ratón, lo que indica temor) y adecuada o no a las circunstancias (el gato no huye pero desiste de atraparlo aunque esté a su alcance, lo que demuestra desesperanza). Conociendo la fisiología de las pasiones podemos advertir sus alteraciones y esto nos permite una comprensión dinámica de las modificaciones de la conducta de nuestros pacientes no humanos.

Dije antes que visto con los ojos de un homeópata todo es conducta y esta afirmación está basada en el concepto de FINALISMO o PROPÓSITO y UNIDAD.

Una de las características propias de todo ser vivo es la presencia de un propósito, una meta a alcanzar, una razón para existir. La palabra conducta contiene la idea de dirección, guía, camino. Es decir, el conjunto de acciones necesarias para alcanzar la meta. Por eso, tanto las alteraciones físicas cuanto los modificaciones del comportamiento son conducta, diferentes maneras de manifestar los esfuerzos realizados para alcanzar la meta propuesta. En cada síntoma, de cualquier tipo, está presente el propósito. Todo lo que un ser vivo hace, lo hace para algo. Por esa razón resultaría inútil y, en muchos casos hasta perjudicial, intentar corregir cualquier expresión de un ser vivo, sólo por considerarla síntoma de enfermedad, sin preguntarnos además del por qué, el PARA QUÉ de dicha expresión. Una acción es la consecuencia de una pasión, un sentimiento que se manifiesta en alguna circunstancia. Por ejemplo: Temor a las tormentas. Acción: Temblores, búsqueda de compañía, deseo de esconderse en un lugar seguro, jadeo, inquietud, desasosiego. Circunstancia: Se acerca o se desató una tormenta. Otro ejemplo: Cólera por la contradicción: El perrito subió al sofá, la dueña le ordena bajar y él gruñe, intenta forzarlo y la muerde. Acción: Amenaza, muerde. Circunstancia: Se han opuesto a sus deseos. La búsqueda de protección es la acción resultante de la presencia del miedo. La agresión en la acción resultante de la presencia de la cólera. El Temor es una pasión que se manifiesta debido a la percepción de un objeto en el futuro que se evalúa como malo y difícil de resistir. La cólera en una pasión que se pone en vigencia ante un objeto que se evalúa como malo y es imposible de evitar. La cólera es la versión en un nivel inferior, sensible, de la necesidad de justicia y resulta de una especie de combinación de tristeza con deseo de venganza.

Ahora bien, no todos los sujetos reaccionan de la misma manera al mismo estímulo. Un hecho o una circunstancia pueden provocar reacciones grandes en unos, moderadas en otros, y ninguna en algunos, dependiendo del grado de susceptibilidad de cada individuo. Esta susceptibilidad particular es una de las claves del concepto de individualidad con que el homeópata se conduce y la razón por la cual, en la práctica, un animalito podría necesitar algunos cambios en el trato y algunos ejercicios de readaptación, otro solamente un medicamento homeopático y otro las dos cosas.

En fin: Conociendo el comportamiento normal de los animales de cualquier especie, en relación con el propósito natural de su existencia, podremos diferenciar, claramente, las desviaciones de su conducta dirigidas a reducir el sufrimiento originado en las alteraciones que su dinámica mórbida particular instalará en su imaginación. Como dijera Hahmemann en el parágrafo 3 de su ORGANON: “lo que debe ser curado en cada caso patológico individual”.

2007

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