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Movimientos > Campañas > Buenas Compañías > Compromiso Social Buenas Compañías. Compromiso social.
La sobrepoblación de animales de compañía existe, sí, pero no es un problema con perros y gatos, sino con seres humanos.Reside en la incongruencia ética de programar matanzas masivas del ya aceptado como el mejor amigo del humano y con quien los gatos compartirán el cartel cuando alcancen los 10.000 a 12.000 años de domesticación que ostentan los perros. Los hemos ligado a nosotros, incluyendo los también sobreabundantes perros 'de raza'. La responsabilidad es de los seres humanos y la única opción posible es trabajar dentro del enfoque abolicionista de los derechos animales. Las medidas específicas abordarán: campañas de esterilización, penalización de la muerte y del abandono -que no es sino una forma de crueldad- e información acerca del valor de cada ser sintiente considerado como un fin en sí mismo.. Implementar acciones de este tipo conlleva menos energía que la usada para programar el lugar, tiempo y modo de asesinarlos. Tiene, además, dos fundamentales ventajas: La primera, reconoce legalmente los derechos a la vida y a vivir de acuerdo con los intereses físicos, psicológicos y de comportamiento con que los animales han sido dotados según el grado de su desarrollo evolutivo. La segunda, libera de la necesidad de asignar a seres humanos la realización de tareas malditas que, como ya ha sido comprobado a nivel psiquiátrico, producen severos disturbios emocionales y afectivos, enfermedades graves relacionadas con el stress, alcoholismo y drogadicción. Cada perro -y cada animal de los llamados superiores sin duda- es un individuo único. Quitarle la vida es un acto de violencia que se amalgama a toda la violencia que en el planeta se ejerce contra los más débiles. Sucesos argentinos La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires incluye desde 1996 el artículo 27 que "promueve la protección y el respeto por la vida de los animales, controla su salubridad, evita la crueldad y controla su reproducción con métodos éticos." Pero no se ha promulgado la ley que reglamente su ejercicio. Numerosos municipios del país han adoptado la esterilización, siguiendo una tendencia internacionalmente creciente que se apoya no sólo en el núcleo ético que la fundamenta, sino en el irrefutable hecho de que, como los animales se reproducen geométricamente y la 'eutanasia' ofrece una salida aritmética al problema, ésta resulta absolutamnte ineficaz para solucionarlo. Sin embargo, las leyes de nada sirven si no se implementan los recursos humanos y económicos necesarios para cumplirlas, lo que sucede cuando ciertos grupos de presión actúan en contra de estas medidas. Es necesario además que toda la sociedad se involucre en el tema. El viso paternalista que suelen asumir las sociedades de bienestar animal significan en lo concreto que se conserve el actual statu quo de propiedad y explotación animal. Un grupo particularmente involucrado con el canis familiaris y otros animales de compañía, es el de los veterinarios. Resulta sorprendente la poca atención que la gran mayoría presta a los aspectos sociales y éticos de la medicina veterinaria. Quizás parte del problema ataña a una universidad tan ambivalente como la sociedad humana en la que se inserta. En ella se enseña a diferenciar entre animales para diseccionar en clase, para viviseccionar en laboratorio, para 'eutanizar' cuando el interés de algún grupo lo disponga o para para luchar por sus preciosas vidas con todos los medios que su profesión les ofrezca. Gran parte de los veterinarios callan o se oponen al emplazamiento de un hospital veterinario público donde la atención, incluyendo la esterilización, sea gratuita y para todos. Desde muchos Centros de Zoonosis se informa acerca del servicio de esterilización prestado, pero las palabras no se corresponden en absoluto con la realidad. Hoy ya no es posible tomar resoluciones de política animal independizadas de los intereses de los principales implicados en el tema: los animales. Si se propone matarlos, se deberá asumir el rol de "Mengele de los perros". La sociedad argentina repele definitivamente estas matanzas que siguen repitiéndose. Lo hace con raptos de desesperación o con reclamos de impotente indignación. Inmersa en un clima de hartazgo que genera múltiples ramificaciones. Tiempo de decisiones La transformación necesaria es mucho más profunda que la que puede esperarse de un sistema de coacción legal establecido por una "protección animal" que sanciona la crueldad en medio de la tortura institucionalizada que, por ejemplo, supone la vivisección. El sistema legal imperante no niega derechos a los animales porque sean 'irracionales'- más allá de que la racionalidad en relación al hombre es una cuestión de grado y no de calidad y de que no es necesario ser racional para ser sujetos de derecho-. Su capacidad para sufrir (Brigid Brophy piensa que podría ser mayor incluso que la del hombre porque inundaría la conciencia toda "de un modo infrecuente entre nosotros"[cit. en Etica aplicada, P.Cohen y J.F.Mora, Alianza,1981]) la posesión de deseos, sentimientos, preferencias y distintos tipos de intereses, los haría más que merecedores de los derechos básicos a la vida, la libertad y el derecho a no ser objeto de tortura. Si el sistema legal les niega derechos, es porque mientras sean considerados como cosas sus destinos estarán en manos de sus dueños, los cuales también buscan evitar el sufrimiento "innecesario" -como rezan las leyes anticrueldad del bienestarismo legal- porque tampoco quieren dañar su propiedad, disminuyendo así su valor o inutilizándola para el fin que persigan. La legalización de la crueldad les asegura la posibilidad de impartir el daño necesario al tipo de industria para que se use el animal cualquiera sea el sufrimiento que le signifique. Estos estatutos anticrueldad incluso coartan las vías de acceso a la justicia, es decir, desdibujan la legitimación activa o standing del derecho anglosajón. 2010 Movimientos > Campañas > Buenas Compañías > Compromiso Social Copyright © Ánima — Derechos reservados | Información legal
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