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Un toro al que llamaban Capuchino
Voces
La mirada del comentario y la denuncia.
Mensajes y análisis del movimiento.
Ediciones Ánima
26-11-2011
Los encierros de San Fermín representan una vieja tradición originada en la Edad Media. [1] Actualmente, la “celebración” consiste en que cientos de personas se divierten utilizando a seis toros que, guiados por ocho bueyes mansos con un cencerro al cuello, son forzados a transitar unos ochocientos metros hasta desembocar en un recinto. Allí, los seis astados son torturados y asesinados ante el deleite del público. Los encierros se repetirán durante el mes de julio, año tras año. Es un negocio que, al igual que tantos otros, se sostiene con el daño que se les provoca a los seres más indefensos que habitan la tierra.
Ya que el prejuicio antropocéntrico ha establecido que el hombre es la medida de todas las cosas, los toros suelen ser recordados por su nombre en función de alguna tragedia humana. Es que a su propia muerte no se le da la menor importancia. Trascienden la frontera del anonimato cuando se escapan de las reglas establecidas y las reglas son: que ellos mueran y que el hombre viva. San Fermín es, sin duda, una fiesta de muerte. Pero no es diferente de las otras actividades que usan, perjudican y matan animales no humanos. Tal vez esta festividad sólo tenga de especial el hecho de ser violencia pública que rinde honores a San Fermín de Amiens [2]. Cuesta imaginar qué clase de actos llegarían a cometerse si se quisiera rendir homenaje a algún apóstol del mal.
Pamplona, año 2009: un toro llamado Capuchino, y otros sin un nombre para poderlos recordar, fueron obligados a correr en un laberinto sin salida, bajo el hostigamiento y los gritos de cientos de participantes humanos. Cuando Capuchino se encontró encerrado y sin posibilidades de escapar, se aterrorizó, resbaló, y quedó aislado del resto de los toros. En una curva del laberinto, embistió a un corredor humano. El hombre murió a pesar de que fue asistido inmediatamente.
Tras esa mañana de golpes, caídas, gritos y tragedia, a Capuchino le tocaría ser el primero en morir por la tarde. O mejor dicho, el primero en ser asesinado. Luego seguirían los otros cinco toros. Para los diarios, sólo hubo un muerto en Pamplona. [3]
La multitud que recordaba el suceso de la mañana abucheó al toro cuando fue forzado a entrar a la plaza. Capuchino ya estaba dentro de un recinto colmado de humanos que deseaban su muerte. Con la metodología de la tortura y en función del espectáculo, fue asesinado lentamente. Perdió su sangre como una reliquia vital en la arena. Los filos de la lanza del picador y las banderillas lo dejaron extenuado y confundido a merced de su verdugo. Capuchino fue finalmente ejecutado. “El toro 'asesino' de la mañana se ganó por la tarde el respeto en el ruedo de La Misericordia.” “Al final, el público no se manifestó cuando 'Capuchino' fue arrastrado al desolladero.” “Un toro que pasó de ser abroncado a respetado y que facilitó, con sus buenas embestidas, el triunfo del torero.” [4]
Los animales que no pertenecen a la especie humana son arbitrariamente excluidos de lnuestra consideración moral dado que esto es funcional al interés en seguir aprovechándonos de ellos. Ya que no queremos respetarlos por lo que son en sí mismos (individuos sintientes), nos inventamos historias en las que un toro u otro animal debe “ganarse el respeto”, en función de si cumple o no con algún interés humano. La palabra “respeto” parece tener un significado diferente cuando se aplica a cuestiones de nuestra propia especie, pero tratándose de animales no humanos, el término se asocia insólitamente al asesinato y a la explotación. No es nada sorprendente que incluso las palabras con significados muy concretos aparezcan vacías de contenido cuando se utilizan en relación a los animales. El lenguaje ha sido y es una herramienta que los explotadores usan hábilmente para disfrazar sus actividades, y las personas que con sus decisiones del día a día perjudican a los no humanos incorporan estas consignas de un modo más o menos voluntario. De modo premeditado o por ignorancia, la manipulación del lenguaje ayuda a que las conciencias continúen dormidas. [5]
Como señalamos desde Ánima, nuestra tarea es transformar la relación que tenemos con los otros animales. Cuestionamos lo ocurrido en San Fermín a la vez que lo hacemos con todos los animales explotados. No hacerlo así sería reforzar la idea de que el resto de los animales explotados, tan o más dañados que estos toros, no representan una situación de urgencia por la que luchar. El mensaje tiene que ser claro al respecto posicionándonos contra cualquier utilización de seres sintientes. Parte esencial de esta transformación es la adopción del veganismo: una práctica de justicia e igualdad que nos permite rechazar la violencia en nuestra vida diaria.
Notas
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Sanfermines
[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Ferm%C3%ADn_de_Amiens
[3] El Heraldo, 10 de Julio de 2009. Disponible en http://www.elheraldo.hn/Ediciones/2009/07/11/Noticias/Un-muerto-en-encierro-de-San-Fermin-2009
[4] El mundo.es, 11 de Julio de 2009. Disponible en:http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/10/toros/1247253469.html
[5] Aboglio, Ana María. La manipulación del lenguaje. Disponible en: http://anyaboglio.com/?p=1042
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