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Movimientos > Ánimación > Voces Acerca de las falsas prioridades y de las “soluciones finales”La mirada del comentario y la denuncia. Mensajes y análisis del movimiento. Jorge Luis Portero A propósito de los dichos del Obispo Bastres y de las matanzas en el Municipio de Neuquén. He leído sólidas reflexiones criticando a estos defensores “de los humanos”, cuyo único y poco imaginativo instrumento de lucha es la matanza de perros. Primero se escudan en “la peligrosidad”, para luego seguir con “los vagabundos” o “los que no tienen dueño”. Sin embargo, desde el plano ético, faltaría agregar lo siguiente: En muchos casos, estos “matadores” no son gente perversa. Simplemente atrasan culturalmente. Están dominados por su prejuicio especista. En la Alemania hitleriana, en la que imperaba el prejucio antisemita –que consideraba necesario encerrar y aislar a los judíos–, hubieran coincidido con las razones económicas que aconsejaban “la solución final” (el exterminio de millones de seres humanos judíos por el alto costo que implicaba su manutención aún cuando ésta fuera en condiciones paupérrimas.) Desde ese prejuicio: ¿Sería lógico gastar dinero en seres inferiores, pudiéndose utilizar para otros fines, que beneficiarían a los verdaderos seres humanos, como llevar la doctrina y el dominio nazi al mundo, mejorar las condiciones de las bajas clases arias, etc.? No, correspondía priorizar a aquéllos que sí estaban incluidos en el círculo de sus consideraciones éticas. Esta es la base del problema: Los “eutanásicos” no sienten culpa porque en ellos anida el prejuicio especista. No es que sean “crueles”: que los maten con el menor dolor posible. Y eso lo decidirán –en más o en menos–, las posibilidades económicas y de recursos humanos. En la práctica, siempre hay sufrimiento. Y siempre hay daño. Pero mientras tratamos de combatir filosóficamente al especismo, tarea más que ardua porque sobre él está montado nuestro sistema de vida y hay sectores económicamente interesados en mantenerlo, quisiera aportar algo desde otros ángulos: el de la economía y el de la política, con el fin de desenmascarar la superficialidad que encierra el remanido argumento de la “prioridad de lo humano” que justificaría lo injustificable. Siempre –hace no mucho un neuquino ecologista social, antes el escritor Luis Guzmán y el peletero Aleandri– se critica a los defensores de los animales afirmando que “primero están los seres humanos”, o que “el Estado no debe destinar recursos económicos para paliar el sufrimiento animal mientras haya niños que padecen hambre”, o que “los activistas animalistas deberían serlo en otras causas de justicia más importantes: las humanas.” En el público desprevenido, y también en un cierto “sentido común” general, esas objeciones son consideradas atendibles, cuando no compartidas. Pero se basan en dos equívocos:
Mayo 2008 Copyright © Ánima — Derechos reservados | Información legal
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