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Violencia
episódica y violencia estructural:
el oculto holocausto de cada día

©Ana María
Aboglio
Valgan estas líneas a título de preliminares, para un análisis
que, por lo exigente de sus multifacéticas aristas, llevaría
a la necesidad mínima de un extenso ensayo. Voy a referirme
a la matanza de las vacas transportadas por un camión
de la empresa Swift que volcó, perpetrada por un grupo
de rosarinos, después de la autorización otorgada
por el propietario y la policía del lugar. Las imágenes
televisivas del 25 de marzo pasado generaron millones de testigos
que tuvieron obligatoriamente que relacionar a las víctimas
asesinadas con los trozos descuartizados e indiferenciados devorados
en la elección carnívora de cada día.
A veces ocurren hechos emblemáticos que ahorran horas
de discurso o de análisis socio político. Pero
a veces ocurren otros como éste que, aunque impresionantes
por su espectacularidad, no sirven para revelar per se el eje de la cuestión. En el horror que manifestó
la gente en general -y animalistas y ecologistas no vegetarianos
en particular- hay unos cuantos horrores diferentes. Las imágenes
televisivas recorrieron el mundo despertando rechazo y compasión,
pero el común sentimiento general apenas rozó
la piedad y la justicia que debería llegar a los animales
en razón del principio de igual consideración
de intereses, asentándose más bien en el espanto
por lo cruel y despiadado de las escenas, lo que no hace más
que despertar una triste sonrisa irónica: ¿Qué
piensan que ocurriría poco después con esos
animales no humanos, de haber podido el camión que
volcó llegar al fin de su trayecto, el matadero? Tal
vez con algún aditamento, "para que no sufran
tanto" , y teniendo en cuenta las necesarias normas de
higiene. El amasamiento de estómago, cultura y naturaleza
puede hornear muchos panes, pero el pan que produce es amargo,
violento y contaminante cuando la economía se sostiene
con la crianza de animales para comida. Acuchillar animales,
como con pericia hicieron estas personas, constituye de hecho
uno de los asentamientos básicos del especieísmo
institucionalizado y el origen de, aproximadamente y con algunas
variantes según los países, el 99% de la "eutanasia"
animal. El oculto holocausto de cada día. Ni empezar
a hablar del sufrimiento que soportan durante sus vidas.
Respecto del debate socio económico, no hace falta
insistir en la relación entre pobreza y distribución
de los recursos. Por eso la extensión de las consideraciones
éticas a los animales es perfectamente compatible con
una sociedad sin hambre. En esta Argentina en crisis están
pasando toneladas de alimentos hacia el exterior, de acuerdo
a las conveniencias económicas que ha establecido el
aumento del dólar. Durante el 2002 se calcula que se
producirán unos 99 millones de toneladas de alimentos
básicos, que alcanzarían para alimentar a una
cantidad de personas diez veces mayor que la que hoy puebla
Argentina. Los precios están aumentando porque se venden
al precio de exportación, que se ha triplicado, tornándose
prohibitivos para un poder adquisitivo en baja. Ya en julio
del 2000, escribía Ana Baron que: "De acuerdo
con un estudio de la CEPAL, más del 36 por ciento de
los hogares latinoamericanos, es decir 220 millones de personas,
vivían en la pobreza a principios de este año"
y que "En países como la Argentina, que aplicaron
las recetas del Fondo con gran ortodoxia, el 37% de la población
urbana, es decir 12 millones de personas, es pobre..."
[Clarín, 16 de julio de 2000]. La situación
ha empeorado notablemente.
En cuanto a matar en forma directa, valga mencionar la presencia
de desocupados y no desocupados provenientes de la industria
cárnica de la zona, muy acostumbrados a la tarea, aunque
en el caso tal vez menos estresante, dado que no es lo mismo
matar por dinero que sentirse un poco cazador de tribu salvaje.
¿Quién dijo que el hombre es bueno por naturaleza?
Se enseña a matar, empezando por el animal, pues no
se corre el peligro de que se organicen para una rebelión.
¿Quién dijo que el resentimiento no genera violencia
si sos bueno? Las pasiones latentes suelen desenvainarse para
clavar el cuchillo que en otro medio cultural sólo
habrían podido desparramar flechas de palabras. La
agresividad está en todos. La violencia contra los
demás sólo en algunos. Y cuando a la calidad
de víctima se une la calidad de inocente, penosa hipoteca
de culpa se vuelca sobre los victimarios.
Y es que desde lo ético la cuestión abruma.
Criar para matar, cocinar y comer el cuerpo de otros animales
constituye quizás el sello de autenticación
del antropocentrismo que aplasta a los animales no humanos
para ponerlos al servicio de la especie humana. El contexto
cultural arma la falsa conexión entre fuerza, agresión,
estatus y la ingesta de carne. Y se disfraza entonces el hecho
básico, que remitiría a otras palabras: asesinato,
caballos, desangramiento, lechoncitos, carnicería,
objetivación, dolor, terneros. En términos de
Charles Patterson, una Treblinka Eterna.
Quienes formamos parte de asociaciones animalistas por los
derechos animales sabemos que no habrá respeto por
los animales mientras se los siga considerando recursos. Sea
vaca, perro, caballo, ballena o conejo. No se trata de ser
"amantes de los animales". Mas allá de la
presencia de lo sentimental en un individuo concreto, repito
y repetiré que la lucha por los derechos animales es
una cuestión de justicia.
Abril de 2002
Puede verse la noticia
sobre los hechos en el diario La Nación del 25 de marzo
de 2002-www.lanacion.com.ar
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