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Relaciones sociales: la destrucción de la seguridad
© Marjorie Spiegel Extracto de: The Dreaded Comparison. Human and Animal
Slavery.
Uno de los aspectos más trágicos de la vida como esclavo resulta de la destrucción de la familia y en un sentido más amplio, de la estructura social. En la época del comercio de esclavos africanos, era común secuestrar a niños mientras sus padres se encontraban fuera recolectando comida o atendiendo alguna otra tarea.27 Una vez secuestrados, los niños serían vendidos "en la costa"; si sobrevivían al sufrimiento que seguía, terminarían finalmente en una plantación sureña. Así, las relaciones con sus familias enteras -familia extendida e inmediata- finalizaban de golpe; la familia nunca volvía a unirse. En Estados Unidos, las familias formadas bajo la institución de la esclavitud estaban sujetas a diferentes prácticas destructivas. "Los niños pequeños," -escribe un historiador- "eran arrancados de los brazos de sus madres poco después de haber dejado de ser amamantados, para ser tenidos... como "mascotas" por parte de señoras sureñas de condición privilegiada.28 Los esclavos eran llevados a subastas: los niños eran vendidos separados de sus madres, los esposos separados de sus esposas, los amantes subastados en forma separada. Un testigo de una subasta de esclavos de 1853 registró la siguiente conversación con una esclava de 25 años, madre de tres hijos, que iba a ser vendida ese día:
Sólo resta estimar si estas prácticas se empleaban para crear en los negros una sensación de derrota y desesperanza total en un intento por prevenir rebeliones o si eran empleadas con los mismos "simplemente" debido a la insensibilidad obtusa de los dueños de esclavos. Parecería que en la mayoría de los casos la última explicación es cierta, debido a los sentimientos comunes en ese entonces. A los ojos de los propietarios blancos de esclavos, la gente de color eran "simples animales", que podían sobreponerse pronto a la separación de un hijo u otro ser amado. De hecho, al tratar el tema de las relaciones íntimas entre los negros, los pensadores racistas de antes de la Guerra Civil negaban la existencia de amor. Sostenían que se trataba simplemente de "lujuria animal" y "atracción animal", las que eran responsables del vínculo íntimo de dos esclavos, dos ejemplos más de metáforas basadas en el especieísmo social.
Foto (pág.47) "Terneros", separados de sus madres tras el nacimiento, atados en sus casillas. La leche de sus madres la consumen los humanos.
En forma similar, a la mayoría de la gente en la actualidad le resulta difícil aceptar la idea de que los animales no humanos sientan amor por otro animal, como en el caso de los individuos. Incluso el apareamiento de por vida es descartado por ser considerado "instinto". Cualquiera que haya escuchado los lamentos prolongados y doloridos de una vaca y su ternero que han sido separados debería haber meditado esto nuevamente pero parece que suponemos que tan pronto como las señales externas de sufrimiento han desaparecido, también lo han hecho el tormento y el dolor internos. Pero, como sabe cualquier persona que haya sufrido la muerte de un ser amado o una separación particularmente dolorosa de alguien, el dolor puede continuar mucho tiempo después de que hayamos dejado de llorar o lamentarnos. Y si es cierto que el dolor persiste tan verbal en un animal como en un ser humano, para el que la vocalización de la angustia es un comportamiento "estándar", ¿quiénes somos para imaginarnos, al hacer hipótesis, a un animal mucho menos verbal, por ejemplo una vaca, para la que la vocalización de la angustia es naturalmente un hecho mucho más raro y que generalmente sufre su dolor en silencio? Todos los días, en numerosas formas, los humanos destruyen las relaciones de otros animales. En medio de la naturaleza, los cazadores deportivos le disparan al azar a parejas de aves acuáticas, algunas de las cuales se aparean de por vida . A menudo, el miembro que sobrevive de la pareja muere de inanición mientras sufre la pérdida. En la matanza anual de focas canadienses, los cazadores han sido filmados manejando a focas bebés que gritaban, como bastones con el fin de atacar a las propias madres de las crías , antes de golpear violentamente a estas últimas sobre el hielo hasta matarlas. Por medio de métodos que a menudo reflejan a aquéllos utilizados en el comercio de esclavos humanos, destruimos en forma violenta comunidades de primates a fin de capturar a las crías para exhibirlas en zoológicos, utilizarlas en laboratorios o tenerlas en cautiverio como mascotas. La estrategia es matar a las madres y a otros adultos que las protegen, dejando a las crías indefensas y como mínimo diez chimpancés mueren por cada cría que sobrevive más de un año en su destino final en el extranjero.30 Esta no es una actividad nueva del siglo veinte ; el filósofo y educador del siglo diecinueve Profesor J. Howard Moore escribió con empatía acerca de la angustia frenética de una madre mono a medida que trataba sin éxito de defender a su bebé herido y moribundo de un hombre que la mataría pronto a ella también. Moore llegó a la conclusión de que la mayoría "de los seres humanos.... están inclinados a pasar por alto, a la ligera, toda muestra de sentimiento" por parte de estos primates.31 En las instalaciones de cría de los laboratorios, "fabricamos" millones de roedores -ratones, ratas y conejos- cada año, que nacen por cesárea en jaulas individuales, para brindarle a los científicos animales "estériles" a los que nunca se les ha permitido tener contacto con otro de su misma especie. Incluso existe un área completa de experimentación psicológica -"privación materna"- en la que los investigadores crean y observan en los animales casos extremos de separación entre madres e hijos y la patología de ese vínculo. A pesar de que se han utilizado muchas especies diferentes de animales en estos estudios, los primates no humanos constituyen la víctima favorita de la curiosidad de los investigadores. De los resultados publicados de uno de tales experimentos se desprende lo siguiente:
En la producción de alimentos la tragedia continúa. Los pollitos nunca ven una gallina; los cerditos no pasan más que un corto tiempo con la puerca, que se encuentra atada en un establo de metal para asegurar la quema mínima de calorías y el consumo de comida. Las vacas lecheras son inseminadas en forma artificial (y por lo tanto privadas de todo contacto con un toro) para tener una larga descendencia de terneros necesarios para estimular la producción de leche, únicamente para que estos les sean arrebatados inmediatamente después del nacimiento. Si el ternero es un macho -y no es necesario para la producción de carne- se lo mata inmediatamente. Si es una hembra, puede tener el mismo destino que su madre: vivir en una fábrica de leche, condenada a tener crías que nunca acariciará, con las que nunca correrá por un campo.
Notas28.-Sir Harry H. Johnston, The Negro in the New World, London:
Methuen and Co.,1910), 376. * Nota de traducción: se ha preferido no traducir poesía con inglés antiguo. 2008 Copyright © Ánima — Derechos reservados | Información legal
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