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Una tristeza alimentada por retinas que no descansan

© Pablo Hafliger

La pasividad del contento incoherente.
La liviandad de los ojos inconscientes.
Y ese placer innato que exacerba el desconocimiento
que empalaga rutinas, de animales humanos
sin alas para pensar, sin branquias que posibiliten quemarnos,
con la franqueza del desconocido acua-mundo.

Son pocos los haces solares, para tantas mentes oscuras
rara suerte de variables pérfidas, que la naturaleza vocifera;
escupiendo al cielo luminarias que caerán en ciertos mortales
sentenciando sus vidas, a la tragedia del pensar.

El fin del eterno sueño, la mutación larvática
el fin del descanso suave, en los laureles de la apatía,
por la esquizofrénica carga, densa, de la verdad
la hermosura del infante crédulo faenado por la realidad.

Y un agudo sonido, taladrando nuestros sentidos,
el chirriar de los ignorados, temas ocultos, por pecadores.
Y un arpón frío y filoso, cumpliendo su fiel hazaña,
azotar de cuajo el silencio y clavar en nuestras espaldas,
la cruel razón, la dureza de la verdad.

Un sufrimiento que enseña,
y una morada sangre que educa, a un corazón inválido
incapaz de construir, la claridad de sus cercanías,
creando manos que ahora ven, y pueden oler la certeza.

Que las rosas tienen espinas, que las sirenas tal vez no existan,
que el amor puede morir, en manos de un inocente,
que los profetas son dictadores, que los sabios degluten carroña.

Fotogramas como estiletes,
clavados en las pestañas,
reconstruyendo las percepciones,
truncadas por años de grisáceos bostezos.
La fatalidad del presente, y las verdades que apuñalan.

Pensar un pasado inconsciente, dulce de amarga sordera
Y un  ácido presente, aunque bañado de realidades.
Comenzamos a adular la razón,
sufriendo sus latigazos
pues inmenso sería el dolor de morir...
indigentes de justicia.

Una tristeza alimentada por retinas que no descansan.

Veo el dolor, veo la sangre
Huelo el miedo, huelo el deceso
Oigo sus llantos, oigo los ganchos
Toco sus cuerpos, toco sus almas
Siento injusticia, me siento engañado

Imágenes sucesivas, que desgarran mi alma virgen, de dolores ajenos,
La crudeza de una batalla, la propia vida que teje el curso.
Ante un pasado condenado a la mediocre ceguera
decido hoy la tristeza,
atenuada,
por el placer de la verdad.

junio de 2008

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