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Veganismo: El principio fundamental del movimiento abolicionista
© Gary Francione © Traducción: Ana María Aboglio © Ediciones Ánima Muchos defensores del bienestar animal alegan que la posición de los derechos, que busca la abolición del uso de los animales, no es práctica porque rechaza el cambio incremental y no ofrece ninguna guía para lo que deberíamos hacer ahora –hoy-, para ayudar a los no humanos. Estas críticas a la posición abolicionista argumentan que no tenemos otra opción que no sea la de perseguir más reglamentaciones de bienestar animal –más intento de hacer la explotación animal más “humanitaria” –si queremos hacer algo “práctico” para ayudar a los animales. La noción de que las reglamentaciones de bienestar animal ofrecen protección significativa para los intereses de los animales no podía ser más errada. Tal como argumenté en mis escritos, dado que los animales son propiedad, ellos son sólo mercaderías con valor extrínseco o condicional. Sus intereses no tienen valor intrínseco. Como resultado, las normas que requieren su tratamiento “humanitario”, son interpretadas con un sentido económico, y limitan la protección a aquéllo que proporciona beneficio económico a los humanos. Las supuestas mejoras en el bienestar animal hacen muy poco, si es que hacen algo, para aumentar la protección de los intereses animales; la mayoría de las veces, no hacen más que tornar la explotación animal económicamente más eficiente y socialmente más aceptable. Más aún, no hay evidencia histórica de que la regulación de bienestar animal conduzca a la abolición. El veganismo no es una mera cuestión de dieta; es un compromiso moral y político hacia la abolición en el ámbito individual y alcanza no solo lo referente a comida, sino también la ropa, otros productos, y otras acciones y elecciones personales. Transformarse en un vegano es lo único que podemos hacer hoy –ahora mismo- para ayudar a los animales. No requiere una campaña onerosa, la necesidad de una gran organización, legislación, o cualquier otra cosa que no sea nuestro reconocimiento de que si “derechos animales” significa algo, es que no podemos justificar el consumo de carne (incluyendo a los peces), lácteos, huevos o cualquier otro producto animal. Muchos defensores de los animales se declaran a favor de los derechos animales pero continúan comiendo productos animales. En realidad, muchos “líderes2 del movimiento animalista no son veganos. Esto no difere de alguien que dice estar a favor de la abolición de la esclavitud, pero cotinúa poseyendo esclavos. No hay ninguna diferencia significativa entre comer peces y comer lácteos u otros productos animales. Los animales explotados en la industria láctea viven más tiempo que los utilizados para carne, pero son tratados peor durante sus vidas, y terminan en el mismo matadero después de lo cual consumimos su carne, de todas maneras. Hay probablemente más sufrimiento en un vaso de leche o en un cucurucho de helado, que en un bife. Y cualquiera que piense que un huevo –incluso el llamado “de campo libre”-, no es un producto que tenga un sufrimiento tan horrible como tiene la carne, no conoce mucho acerca de la industria de los huevos. Si alguien deja de comer carne pero, como resultado, come más lácteos o huevos (como muchos “vegetarianos” hacen), esto puede en realidad incrementar el sufrimiento. En cualquier caso, sostener que hay distinción moral entre comer carne y comer lácteos, huevos, o consumir otros productos animales, es tan tonto como sostener que hay una diferencia moral entre comer vacas grandes y comer vacas pequeñas. En vez de abrazar al veganismo como una clara base moral de referencia, el movimiento de defensa animal adoptó, en su lugar, la noción de que podemos actuar éticamente y continuar consumiendo productos animales. Consideren los siguientes ejemplos (de los cuales hay muchos):
Por supuesto que siempre es mejor, en términos generales, hacer menos daño que hacer más, una vez que decidimos infligir daño. Si vamos a comer un animal que ha sido torturado, supongo que es “mejor” comer uno que ha sido menos torturado. Pero dejando de lado el interrogante de si los no humanos criados “humanitariamente” son realmente menos torturados que otros, hay una gran diferencia entre la posición de que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento, y la posición de que causar menos sufrimiento hace a una acción moralmente aceptable. La noción de que el movimiento por los animales activa y explícitamente promueva la última posición –que hacer menos daño es una solución moralmente aceptable al problema de la explotación animal- es profundamente perturbadora. Más aún, muchas de las organizaciones animalistas describen al veganismo como un estilo de vida dificultoso que requiere considerable auto-sacrifico y que es sólo para los defensores de la “línea dura”. Me hice vegano 24 años atrás. No era particularmente difícil en aquella época, pero es absolutamente absurdo caracterizarlo como difícil hoy. Es fácil ser un vegano. Seguro, estarán más limitados en las opciones de los restaurantes, particularmente si no viven en o cerca de una gran ciudad, pero si este inconveniente es significativo para ustedes y les impide ser veganos, entonces probablemente no se toman en serio el tema de todas maneras. El movimiento animalista nunca tendrá ni siquiera una esperanza de cambiar el paradigma de la jerarquía especista, en la medida en que no tenga absolutamente claro, como principio guía, que es moralmente incorrecto consumir carne de cualquier tipo, huevos, o cualquier otro producto hecho con animales. Si, en los tardíos 80’ –cuando la comunidad defensora de los animales en EE.UU. decidió muy deliberadamente seguir la agenda bienestarista-, una porción sustancial de los recursos del movimiento hubieron sido invertida en la educación vegana y abolicionista, habría probablemente cientos de miles más veganos que los que hay en el presente. Esta es una estimación muy conservadora dado los cientos de millones de dólares que han sido gastados por los grupos de defensa animal para promover legislación e iniciativas bienestaristas. Sostengo que obtener un número creciente de veganos reduciría más el sufrimiento, al reducir la demanda de los productos animales, que todos los “éxitos” bienestaristas juntos y multiplicados por diez. Incrementar el número de veganos ayudaría también a construir una base política y económica, requerida para el cambio social que constituye el predicado necesario para el cambio legal significativo. Asuman que mañana, tienen dos horas para usar en la defensa de los animales. No pueden hacer todo; deben elegir. No tengo dudas de que 2 horas de su tiempo gastado en distribuir material educativo sobre veganismo es, en varios sentidos, un uso mucho mejor de su tiempo que 2 horas haciendo campaña por jaulas en batería más grandes o por formas más “humanitarias” de esclavitud animal. 2007 Copyright © Ánima — Derechos reservados | Información legal
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