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Un comentario acerca del activismo con imágenes sangrientas

Centro de estudios
para la teoría y práctica
de los Derechos Animales

 

 

 

© Gary Francione

© Traducción: Ana María Aboglio © 2009 Ediciones Ánima
Texto perteneciente al Blog personal de Gary Francione.
29 de julio de 2009

Estimados/as colegas:

Los defensores de los animales debaten a menudo si deben usar o no material sangriento en sus esfuerzos educativos. Por ejemplo, ¿deberían mostrar videos de mataderos o de otras situaciones brutales?

No estoy seguro de si esa pregunta tiene una respuesta por sí o por no, pero sí quiero ofrecer algunos pensamientos para que ustedes consideren.

Primero, algunas personas simplemente no verán o no leerán materiales sangrientos y se irán de sus mesas o se irán de sus conferencias. Entonces ustedes perderán la oportunidad para la interacción y la educación.

Segundo, vivimos en una sociedad en la que la gente está acostumbrada a ver  escenas extremadamente violentas y sangrientas todo el tiempo –en las películas que ven, en los video-juegos que usan, y en las noticias de cada noche. En cierto sentido, somos una sociedad que se tornó insensible ante formas terribles de violencia. No deberíamos sobrestimar el impacto de los videos y de los materiales que nosotros creemos que son impactantes.

Third, gory materials almost always tend to make the viewer focus on the treatment of animals and not on their use. That is, show someone something that portrays terrible treatment and the almost automatic reaction is that the treatment should be improved, and not that the use should be stopped altogether. The usual response is something like “yes, that’s terrible; they really shouldn’t do that, but surely we could make it more ‘humane’?”

Tercero, los materiales sangrientos casi siempre tienden a hacer que el observador focalice en el tratamiento de los animales y no en su uso. Esto es, muéstrenle a alguien alguna cosa que represente un tratamiento terrible, y la reacción casi automática es que el tratamiento debería mejorarse, y no que el uso debería detenerse por completo. La respuesta usual es algo como “sí, eso es terrible, ellos realmente no deberían hacerlo, pero sin duda podríamos hacerlo más ‘humanitario’, ¿no?”

Esta es precisamente la razón de porqué las grandes organizaciones bienestaristas casi siempre hacen una defensa usando imágenes sangrientas; es su objetivo para conseguir apoyo para un cambio que, ellos afirman, hará la explotación animal más “humanitaria.” Mostrarán los horrores de la matanza de pollos en una instalación para conseguir apoyo para el método de matar a los pollos con gas, mostrarán una operación en una jaula en batería convencional para conseguir apoyo a los huevos provenientes de gallinas libres de jaulas. El mensaje es claro y explícito: dejen que les mostremos cuán horrible es esto, pero, con su apoyo, nosotros podemos eliminar los “peores abusos,” y hacerlo mejor. Verdaderamente, los varios programas de “etiquetas humanitarias” que son apoyados o auspiciados por estos grupos, muestran que el foco es el tratamiento y no el uso.

Algunos defensores dicen que usan estos videos pero luego prosiguen con un mensaje acerca de la abolición del uso de los animales. Aunque esto es mejor que no dar el mensaje abolicionista a continuación, el problema, por supuesto, es que si están mostrando una película o presentando materiales que son parte de un mensaje en general de reforma y regulación, puede ser difícil contrarrestar el mensaje bienestarista que usualmente es explícito en estos materiales. Parecerá que están discutiendo con el material que están mostrando, y eso confunde a las personas.

Cuarto, en mi opinion, es imperativo hacer que la gente piense en la injusticia fundamental que es el uso de los animales. Es por esto que comienzo casi todas las presentación que doy acerca de ética animal con una discusión acerca de nuestra aceptación compartida del principio moral de que es moralmente erróneo infligir sufrimiento “innecesario” y muerte a los animales, y que cualquier comprensión coherente del concepto de necesidad, debe excluir el sufrimiento y la muerte impuestos por razones de placer, entretenimiento o conveniencia. Luego explico cómo el 99,99% de nuestro uso de los animales sólo puede ser justificado por consideraciones de placer, entretenimiento o conveniencia. La mayoría de las personas ni siquiera han confrontado de verdad sus propias incoherencias acerca del modo en que piensan acerca de otros animales. La mayoría nunca pensó acerca del punto de vista de que aquéllos que consumen productos animales no tienen ningún derecho de declarar superioridad moral y criticar a Michael Vick, por ejemplo.

Luego explico que, dejando de lado el tema moral básico acerca del uso de los animales, el tratamiento de los animales no puede ser mejorado significativamente, porque los animales son propiedad, y las preocupaciones económicas siempre servirán para mantener muy bajos los estándares de bienestar. Verdaderamente, la reforma bienestarista puede de hecho ser contraproducente, porque hace que el público se sienta más cómodo acerca de consumir productos animales. El creciente movimiento de la “carne feliz” es una prueba convincente del problema.

En la medida en que uso algunos videos (y raramente lo hago), uso materiales que son explícitos acerca del uso de los animales. Por ejemplo, Peaceful Prairie Sanctuary tiene un excelente material exponiendo la falla de la reforma bienestarista. Los PPS dejan claro que la solución no es el uso de los animales en absoluto.

Sexto, una de los más efectivos videos que jamás he visto es el clip de dos vacas esperando para entrar en el matadero. No hay imágenes sangrientas en el video –sólo un mensaje muy claro y poderoso de que esas vacas son personas no humanas y que ningún capricho del paladar puede justificar que las usemos– no importa cuán “humanitario” ese tratamiento pueda ser. Ese video dura 3 minutos. No puedo decirles cuánta gente me ha dicho que es uno de las más convincentes cosas que jamás han visto.

En conclusión, entiendo que es importante educar al público acerca de las realidades de la explotación animal contemporánea. Pero también es importante dejar en claro que, incluso si nos libráramos de todas las granjas industriales y tuviésemos sólo granjas familiares que algunos bienestaristas caracterizan como ideal, o incluso si cada laboratorio adhiere escrupulosamente a cada ley y regulación concerniente a la vivisección, los animales aún estarían siendo torturados y sufrirían toda clase de privaciones. Si tomamos la posición de que el uso de los animales, no importa cuán “humanitario”, no puede ser justificado moralmente, tal vez asustemos a la gente al principio, porque ellos están acostumbrados a escuchar el mensaje bienestarista. Pero si estamos preparados para exponer enseguida los argumentos que apoyan la abolición vegana, el resultado puede muy bien ser más fructífero y significativo, en términos del cambio de comportamiento.

La realidad es que nunca vamos a ver ningún cambio hasta que desviemos el paradigma de la violencia hacia la no-violencia, del tratamiento “humanitario” hacia la abolición del uso.

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