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¿Saltan los caballos? ¿Vuelan los humanos?
©Animales, la Luz de mis ojos El caballo posee características particulares (como todas las especies) que dependen de su anatomía, o sea, de su contextura física y de su musculatura (disposición muscular.) El 70 % de su peso corporal lo soportan sus miembros toráxicos (patas delanteras), mientras que los miembros pelvianos (patas traseras) sólo soportan el 30 % del total. Su cabeza es extremadamente pesada, lo que hace que tanto sus vértebras cervicales (cuello) como los ligamentos que allí se encuentran jueguen un papel muy importante en cuanto al equilibrio corporal. A esto lo notamos en el subir y bajar de la cabeza cuando realiza el paso. La columna del caballo sirve para transmitir la potencia (fuerza más velocidad) de los miembros posteriores a los anteriores, oficiando simplemente para derivar la fuerza con la que realiza el galope. De ningún modo juega el mismo rol que en los animales saltadores (perro, gato) en los que su columna vertebral es fundamental tanto para correr (ya que casi no apoya sus miembros en ese momento), como para hacer movimientos laterales; cosa que es casi imposible de realizar para los galopadores como el caballo y la vaca. Con esta introducción informativa quiero llegar a lo siguiente: hay movimientos que son naturales para ciertas especies pero no para otras. Los humanos solemos someter a los animales a prácticas que ellos difícilmente realizarían en la naturaleza. Hacerle saltar obstáculos a un caballo es obligarlo a un esfuerzo inimaginable para nosotros. Sin embargo, éste es uno de los "deportes de categoría" que realiza el hombre. El caballo está capacitado para galopar pero no para saltar una valla. Su cabeza está tan desarrollada y tiene tanto peso que, como ya dije, ésta puede contribuir a equilibrar o a desestabilizar todo su cuerpo, dependiendo del uso que le dé. Con el impulso de levantar la cabeza puede llegar a pararse en sus miembros traseros; con el movimiento contrario, bajando la cabeza, lo traslada hacia su tórax, liberando su pelvis. Pero no puede naturalmente saltar una valla, estirar su cuerpo para sobrepasarla, caer con todo su peso hacia a delante y simultáneamente contrarrestar levantando la cabeza porque si no lo hace lo más probable es que termine golpeado en el piso porque "se va de boca", como vulgarmente se dice. Pareciera que los humanos no sólo estamos empecinados en desafiar a la naturaleza si no que encima obligamos a seres indefensos a que realicen nuestros caprichos. Es bellísimo ver el trote o el galope de un caballo pero ¿no sería mejor verlo en situaciones de libertad y goce que en una competencia en donde necesitamos demostrar nuestro dominio sobre ellos sometiéndolos a situaciones estresantes, antinaturales y en las que probablemente salgan lastimados? Tendrá que llegar el día en que le demos más valor al derecho del animal a vivir plenamente de acuerdo a lo que es, a diferencia de lo que sucede hoy, cuando el hombre juega a ser Dios tratando de cambiar las reglas de la naturaleza a su antojo. 2002 Copyright © Ánima — Derechos reservados | Información legal
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