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Carta abierta al Sr. Presidente de Argentina.
Dr. Néstor Kirchner.

©Ana María Aboglio

Buenos Aires, 4 de mayo de 2006

Sr. Presidente:

Desde que lo veo debatirse con los precios de la carne, y los problemas con la exportación y los subsidios, una idea loca me ha rondado, cual es la de escribir una carta para sugerirle una salida diferente a este tema, me temo que aún mucho más creativa que aquéllas de las que nos ha dado muestras de que usted es capaz. Pero claro, no es fácil, sin pensar en la inutilidad del esfuerzo. Sin embargo, el presidente de Eslovenia ha hecho casi el texto por mí, así que sólo voy a referirme a su entrevista. No sé si esta carta llegará a sus manos. Pero si llega, sé que algo sucederá en su interior, más allá de lo que decida hacer.

¿De qué estoy hablando? De lo siguiente:

El actual presidente de Eslovenia, Dr. Janez Drnovšek, en una entrevista concedida a la revista Liberación Animal de su país el 15 de diciembre de 2005, publicada en enero del 2006, habla de su veganismo ético y de la necesidad de que la gente empiece a pensar en el inimaginable daño que se les inflige a los no humanos.

Dice que la comida vegetariana es mejor en calidad y que comemos carne porque es la forma en que fuimos educados. Fue vegetariano algunos años y luego se hizo vegano, dejando de lado la ingesta de cualquier producto animal. El primer paso hacia el vegetarianismo tuvo que ver con una severa enfermedad de sus riñones.

Drnovšek, graduado en Economía, invitó a miembros de la Sociedad para la Liberación de los Animales y sus Derechos, el 4 de octubre pasado, para dar un mensaje conjunto a la opinión pública para que se cuestionen el daño que se les está causando. Cuando tienen el producto sobre su plato, no se detienen a pensar quién fue antes ese ser vivo y todo lo que sufrió. Preguntado por si se hizo vegano por razones éticas, contestó que lo hizo por ética y también porque los humanos no necesitamos la carne para vivir. Son sólo patrones de pensamiento que simplemente seguimos. El cambio hacia una dieta vegana puede ser gradual, que es como él lo hizo.

Importantísimas son sus declaraciones en contra de los subsidios que la Unión Europea hace a la industria de la ganadería bovina y avícola, desde lo ético y lo nutricional también. Cree que si algunos productos vegetarianos son más caros que los provenientes de animales, sería fácil cambiar los precios invirtiendo y subsidiando la producción vegetal orgánica en vez de seguir haciéndolo en sectores pecuarios. Esto sería un trato amable a la naturaleza ya que significaría no usar fertilizantes químicos ni aditivos. Significaría que no habría polución ni estaríamos ingiriendo las sustancias tóxicas que a diario tomamos con los alimentos. Detrás de todo esto están los intereses económicos de las grandes empresas que protegen sus enormes ganancias. Sin embargo, cada día aumenta el grado de conciencia de la gente en relación a estos temas.

Se le pregunta también cómo ve que los vegetarianos, que por su mejor salud usan mucho menos el sistema de salud, tengan que pagar lo mismo que los que no lo son. Dice que si bien por solidaridad esto no debería cuestionarse, por otro también es cierto que cada uno es responsable de su propia salud. Al dejar de consumir alimentos nocivos estamos reduciendo el gasto en el servicio de salud. Claro que está también de por medio las impresionantes ganancias de los laboratorios que venden sus productos a la gente enferma.

Se pronuncia luego en contra de la caza deportiva. Respecto de la experimentación, haciendo referencia a su padre que fue objeto de experimentación en un campo de concentración, simplemente dice que hay que ponerse en el lugar del que es sometido a esos experimentos. Y los rechaza porque tampoco cree que la salud humana necesite de ellos, los cuales tienen unas cuantas alternativas.

“¿Dónde se origina el brutal tratamiento que le damos a los animales?”, pregunta Damjan Likar, editor de la revista y entrevistador. “Viene del bajo nivel de conciencia de la gente” Históricamente es difícil situarlo, continúa. Los animales son criaturas vivas con sensibilidad. Todo el que tiene un animal doméstico lo sabe. Las grandes religiones del mundo con frecuencia hablan de respetar la vida, pero sólo se refieren a la humana, y a veces ni siquiera. Los indios esclavizados por España y Portugal no tenían alma para los católicos de la Edad Media. La gente de color tampoco la tuvo luego, a lo que siguieron centurias de esclavitud. Hoy estas ideas son inaceptables y ha sucedido un cambio social a pesar de lo que sostenían algunas instituciones.

A punto de llegar la Navidad del 2005, invitado a hablar sobre lo que significa para millones de animales, Janez Drnovšek dice que Jesús se revolvería en su tumba si supiera sobre las matanzas masivas de animales que se hacen en su nombre cada año. Su redención, agrega, está basada en el respeto absoluto a la vida, y es muy difícil imaginar que aceptaría la matanza de millones de criaturas vivientes en su honor.

Acerca del vegetarianismo y la paz, por aquella frase de Tolstoi que dice que “mientras existan mataderos habrá guerras”, el presidente de Eslovenia considera que si la conciencia de una persona está altamente desarrollada, no matará ni será cruel con ningún animal, y entonces no se puede esperar que esa persona vaya a la guerra a matar a otra. La gente que no mata ni come animales tiene una gran oportunidad de encontrar un modo de vida en paz y armonía. Todo está interconectado en una sola conciencia. Hacer a la gente más consciente es la clave. Los políticos en el mundo no están más conscientes que la mayoría de la gente. Pero si se llega a un nivel crítico de gente entrando en el cambio, los políticos los escucharán.

Insiste en la necesidad de lo que llama un alto nivel de conciencia. Dice que no podemos esperar que se deje de matar y comer animales ni tampoco que terminen las guerras o se erradique la pobreza si no se produce este cambio en todos y cada uno hacia este alto nivel de conciencia. Y ciertamente permanecer en ese bajo nivel podrá llevar incluso a la aniquilacion de la humanidad. Ninguna persona podría comprar pieles si fuera un consumidor con este grado de consciencia.

“Los que dicen amar a los animales pero comen carne, ¿son verdaderamente amantes de los animales?” Drnovšek contesta que aman a los animales, a sus mascotas, pero se comen automáticamente a otros. Lo pensarían dos veces si tuvieran que matar a la vaca antes de ingerirla. Los productos animales están tan alterados en su apariencia que la gente no los relaciona con el animal real.

Y el broche final: Le pregunta el editor si es verdad que su perro Brodi también es vegetariano. Sí, dice el presidente, pero pide que mejor le pregunte directamente a él, pues no está autorizado a hablar en su nombre.

Aquí termina esta historia, que tiene la pretensión de ser un grano de arena para cambiar la Historia, en pos de llevar un poco de paz a los más desprotegidos de la Tierra, los animales no humanos.

Atentamente,

Ana María Aboglio.
Ánima

Mayo 2006

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