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Activismo y estilo de vida
©Ana María Aboglio Concordar con la ética de los derechos animales abre un arcón colmado de preguntas. Ciertamente, no es la posición de quien "quiere" o le "gustan" los animales y lo demuestra mirando Animal Planet mientras come una hamburguesa o entrenando a su perro para salir de caza o paseando por el zoológico envuelto en un abrigo de piel. Se trata de reflejar, en el modo de vivir, la ética de respeto que propicia hacia todos los seres sintientes. En una sociedad cimentada en la explotación, para ser tomado en serio y ser coherente con su propio discurso, un defensor de los derechos animales ajustará su estilo de vida, lo que en ciertos aspectos supondrá cambios radicales y en otros, una gradual modificación, especialmente en países como Argentina donde no hay todavía abundancia de alternativas en algunos campos. No es necesario tirar lo ya adquirido —reemplazarlo significa disponer de dinero— pero sí estar atento, al salir de compras, de aquí en más. Demandar artículos libres de crueldad produce transformaciones en el consumo. Las empresas y el comercio —que necesitan algo más que apoyo moral— desplazan entonces su actividad para responder a tales requerimientos. No es dable esperar cambios legislativos importantes en ciertas esferas, por lo que en las mismas, la elección a través del consumo y la divulgación de los temas relacionados con el sufrimiento animal son los terrenos más fructíferos donde sembrar. Las críticas a los defensores de los derechos intentan
rotular como de "extremistas" o "absurdas"
estas propuestas de cambio, porque obligan a la gente a pensar
en la propia contribución al sufrimiento de otros y
a replantearse en su conjunto la relación con el animal
no humano. Parecería, por el contrario, que el absurdo
resulta de considerarse inteligente, humanitario y civilizado
y sostener, no sólo la tortura y la muerte de millones
de seres, sino la nuestra propia, y especialmente la de las
generaciones futuras, a través de esta forma destructiva
de relación con la naturaleza toda, a menos que estas
cualidades tengan otro significado cuando se trata de seres
no pertenecientes a la especie humana. Absurdo entonces, entendido
como ausencia de razón. "En la guerra y en la
paz, en la arena o en el matadero, desde la lenta muerte del
elefante, vencido por las hordas humanas primitivas gracias
a la primera planificación, hasta la actual explotación
sistemática del mundo animal, las criaturas irracionales
han experimentado siempre lo que es la razón"
[Dialéctica de la Ilustración. Apuntes y Esbozos.
M.Horkheimer y T. Adorno. Editorial Trotta] Cuando dejas de
comer animales o de usar vestimenta con piel de animales o
de ir a un circo donde se usan animales en el espectáculo,
no pierdes un segundo de la vida ocupándote de ellos.
Simplemente, dejas de contribuir al problema. Es una postura
lógica, coherente con la ética y la justicia
que defiendes y que, aunque circula en los límites
del ámbito privado, tiene importantes consecuencias,
no sólo en lo personal sino también en lo social.
Ayudas a producir un cambio. Creas una clima a tu alrededor.
Impactas en la atrofiada sensibilidad de la mayoría
que se horroriza ante el sufrimiento humano porque es políticamente
correcto pero que, o no hace nada por nadie, o es parte del
sufrimiento animal o se niega a reconocer que el dolor animal
también importa. Las elecciones en el propio estilo
de vida hacen a la ética personal. El activismo arrastra
hacia otras playas. Por ejemplo: hacer proselitismo —diseminando
las ideas de los derechos animales— y/o unirse o contribuir
al trabajo de grupos ya formados o involucrarse en políticas,
hechos o leyes o actuar en forma directa por los derechos
animales. Cuando pides a los legisladores la abolición
de la vivisección estás también cuestionando
el absurdo de que la misma sea ilegal en un humano con muerte
cerebral y legal en un primate sano y pleno de vida. Estás
también reclamando una medicina más científica
—que estudie las causas de las enfermedades humanas en vez
de ocultar sus síntomas con drogas—, medidas de sanidad
pública y programas para impedir la contaminación
del medio ambiente y de los alimentos, causa de muchas e importantes
enfermedades. Estás también exigiendo la aplicación
de los modernos métodos de experimentación
que no sólo no torturan a seres sintientes sino que
significan una apro-ximación más segura y profunda
al conocimiento del humano. Sintetizando: no sólo
estás hablando de animales. De aquí se puede
ingresar, entonces, en terrenos análogos a los denominados mecanismos informales en el campo de los derechos humanos.
Estos desconocen la acción legal —incluso a veces están
prohibidos— pero alcanzan una férrea legitimación
debido al consenso ético social que los ampara. Se
caracterizan por la no-clandestinidad y la no-violencia. Así
tenemos: la no-cooperación; la denuncia; la desobediencia
civil —concepto acuñado por Henry D.Thoreau pero que,
a diferencia de éste, no cuestiona el sistema sino
sólo ciertas normas— ; la actividad de las organizaciones
no gubernamentales (O.N.G.) y la elaboración por parte
de diversos juristas de un derecho alternativo al positivismo
imperante a partir del Código Napoleón. Dentro
de otro marco, y como en todo movimiento social antiesclavista,
ciertos grupos acuden a la acción directa ilegal, que
en el caso que nos ocupa incluye la liberación de animales
sin ejercicio de violencia contra las personas y con incidencia
sobre los cimientos claves de la esclavitud animal. Publicado en la revista de A.L.A.: Alternativa para la Liberación Animal, España 2004 Copyright © Ánima — Derechos reservados | Información legal
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