| Forzar a un animal al ambiente del espectáculo
es una tarea que demanda tiempo y esfuerzo. Supone captura,
encierro, castigos corporales para obligarlos a prácticas
payasescas y antinaturales que rechazan por inservibles para
sus vidas y a muchas de las cuales temen, largos viajes enjaulados,
aislamiento. No faltan las drogas para "amansarlos"
y/o la extracción de uñas y dientes. Un bebé
elefante se moldea atándolo y golpeándolo a
diario por lo menos durante un mes. Las patas encadenadas,
las descargas eléctricas y los golpes entre los ojos
serán luego una de las formas típicas de obligarlos
a actuar. No se trata de poder entrenarlos "en forma
humanitaria". Los animales no nacieron para actos de
los que no obtienen ningún beneficio y que no entienden
en absoluto. ¿Porqué se prestarían a
participar?
El medio ambiente natural del animal salvaje se transforma
en cárcel, en los límites de una jaula o pileta
de reducidas dimensiones, donde el encierro se potencia cuando
el circo o el acuario está "fuera de temporada".
La vida en soledad se convierte en abandono cuando ya no sirven
para actuar. El otrora libre, ahora esclavo.
Asociados a la niñez, es lo último
que un niño debería ver para acercarse a la
auténtica naturaleza animal. Tras el brillo -opaco
cuando la empresa tiene pocos recursos- de la exhibición,
los espectáculos con animales esconden una patética
realidad: la diversión no es para todos. |