©Gabriela
Bellazi. Ediciones Ánima
Si pudiéramos imaginar lo que sentiríamos
al tener tres arpones explosivos en el estómago, luego
ser arrastrados dejando atrás un río de nuestra
propia sangre sobre una plataforma al final de la cual nos esperan
carniceros listos para descuartizarnos. Si fuésemos capaces
de imaginar eso, podríamos tener una mínima idea
de lo que le pasa a una ballena que cae víctima de los
métodos de caza de los balleneros modernos. Los mismos
arponeros sostienen que si las ballenas pudiesen gritar, la
industria cesaría porque ninguna persona sería
capaz de soportarlo.
El Dr Harry D. Lillie describió en 1946 al volver de
una expedición ballenera a la Antártida en la
cual era el científico de a bordo, que las ballenas eran
asesinadas usando arpones con granadas explosivas. Aún
hoy el uso de arpones con cabeza explosiva sigue siendo el método
principal para matar a las ballenas y los explosivos más
modernos que se utilizan en la actualidad no son menos inhumanos
que los utilizados por los balleneros durante la expedición
que tanto hororizó al Dr. Lillie.
En 1980 la Comisión Ballenera Internacional [CBI] llevó
a cabo un Workshop para analizar métodos de matanza más
humanitarios, definiendo de la siguiente manera el concepto
de la matanza humanitaria de un animal: "provocar su muerte
sin causarle dolor, stress o angustia perceptible." Existe
suficiente evidencia para demostrar que, bajo ese criterio,
todas las matanzas balleneras son completamente inhumanas.
- Antes de ser arponeadas, las ballenas tienen que soportar
un altísimo grado de stress, sumado al hecho de quedar
exhaustas por las largas persecusiones.
- Incluso para el arponero más experimentado es
extremadamente difícil acertarle a un blanco móvil
desde una alta plataforma que se mueve entre las olas.
- Aunque se logre un "impacto directo", datos
procedentes del Gobierno Japonés sugieren que la
pentrita (el tipo explosivo utilizado en los arpones de
cabeza explosiva) sólo detona en menos del 50% de
las ballenas impactadas. Por otra parte, algunos de los
arpones detonan antes de lograr atravesar el cuerpo de las
ballenas, causando terribles heridas al animal sin matarlo.
Según se desprende de informes enviados a la CBI,
parece que los balleneros japoneses sólo matan instantáneamente
al 30% de las ballenas arponeadas y el 70% restante quedan
heridas pero no muertas, lo que requiere que sean rematadas.
En el caso de los balleneros noruegos, se considera que el
60% de las ballenas resulta muertas en forma instantánea
y el 40% con serveras heridas.
En las expediciones de caza "científica",
algunos arponeros japoneses evitan hacer impacto en la cabeza
de las ballenas, prolongando por lo tanto la agonía
que precede a la muerte. El hecho de evitar arponear al animal
en la cabeza tiene una explicación: la cabeza explosiva
podría dañar la bulla timpánica, un hueso
del oído que en las ballenas puede proveer información
acerca de la edad del animal.
Lo que resulta terrible es que, a diferencia de otros animales,
los mamíferos buceadores están adaptados para
que su cerebro siga recibiendo sangre a pesar de que el resto
del cuerpo no la reciba. Esto implicaría que una ballena
puede seguir estando conciente a pesar de que su cuerpo no
se mueva y aparente estar muerta. A diferencia de otros mamíferos
la respiración de los cetáceos es voluntaria,
por ende y a pesar de que se encuentre herido, mientras el
animal siga respirando está despierto y conciente y,
en consecuencia, sufriendo potenciales niveles de dolor y
stress.
¿Qué pasa con las ballenas que no murieron
en el acto?
Las ballenas heridas son arrastradas a la embarcación
aunque siguen vivas. A continuación se describen algunos
de los métodos utilizados para "rematarlas"
- Se las arponea nuevamente y cuantas veces sea necesario
con arpones no-explosivos.
- Se les dispara con rifles, requiriéndose un promedio
de 3 balas para rematar a cada ballena y en algunos casos
hasta 9 balazos (de acuerdo a reportes de balleneros noruegos)
- Son apuñaladas con lanzas eléctricas y electrocutadas.
Este método era utilizado principalmente por los
balleneros japoneses, que ahora lo están cambiando
por el uso de rifles.
- Respecto a la electrocución con lanzas, un informe
describiendo el procedimiento fue remitido a la CBI en el
año 1996. ³La ballena es empujada hacia la embarcación
cazadora donde se le insertan dos electrodos (lanzas eléctricas),
atravesando la grasa para clavarse en el tejido muscular:
una de las lanzas se clava frente al corazón y otra
detrás de éste. Para matar a la ballena, se
envía corriente alterna entre ambos electrodos. Lo
que mata al animal es probablemente la fibrilación
del corazón que provoca un paro circulatorio. Cuando
la corriente es enviada, el cuerpo de la ballena presenta
contracciones musculares convulsivas. La duración
de cada envío de corriente es de aproximadamente
10 segundos, de acuerdo al reporte. (Walløe, IWC
48/WK 2, p. 3).
- Tanto en las operaciones balleneras noruegas como japonesas,
pasan más de 6 minutos hasta que el 50% de las ballenas
mueran. La otra mitad de las ballenas cazadas padecen una
muerte lenta que sobrepasa de lejos los 6 minutos.
- Algunas veces, las ballenas heridas logran quebrar el
arpón y escapar. Algunas de ellas son recapturadas
y otras mueren más tarde a causa de las heridas.
Un paper presentado al Comité Científico de
la CBI durante 1996, relata el caso de dos ballenas que
fueron arponeadas, pudieron escapar y fueron arponeadas
nuevamente. Sobrevivieron durante 96 y 130 minutos respectivamente
después de recibir el impacto del primer arpón.
(Walløe, IWC 48/WK 2, p. 3).
La industria ballenera buscó durante décadas
un método para que la matanza de las ballenas fuese
más "humanitaria", pero también para
que fuera más efectiva, es decir para aumentar la velocidad
en la matanza de ballenas. Recientemente, Japón anunció
que equipará sus barcos con arpones de 90 libras que
impactarán en las ballenas a 35 pies por segundo (38,5
km/h), penetrando mucho más profundamente en el cuerpo
del animal antes de que la granada explote.
Los escasos ejemplos que les proveemos en este artículo,
bastan para que podamos asegurar que las matanzas balleneras
son tremendamente inhumanas.
Caza "científica": ¿es necesaria
o es una excusa?
Japón realiza la mayor parte de su caza científica
en el Santuario del Hemisferio Sur, que fue designado por
la CBI en 1994 como un área en donde la caza de ballenas
está prohibida. 23 países Miembros de la Comisión
votaron a favor de la implementación del Santuario
Austral, sólo Japón votó en contra. Esta
zona es para muchas ballenas un área de alimentación.
La carne, grasa y subproductos obtenidos de las capturas
"científicas" se venden en comercios japoneses.
Recientes estudios de ADN llevados a cabo por IFAW (International
Fund for Animal Welfare) revelaron que entre los cortes vendidos
como "kujira" (ballena) se encontraban especies
protegidas como ballenas Jorobadas, Cachalotes, ballenas Sei,
Grises, Fin, de Bryde e incluso de orcas y delfines. Lo único
que hace la caza científica japonesa es mantener en
vigencia la comercialización de ballenas, a pesar que
está prohibida por la CBI.
En mayo de 2000, Japón extendió su programa
"científico" a cachalotes y ballenas de Bryde
que son mucho más grandes que las Minke y obviamente
más redituables. De acuerdo a lo expresado por el Ministro
de Pesca del Reino Unido Elliot Morley, "esto es un acto
de desafío a la opinión internacional que merece
recibir la condena mundial"
La Comisión Ballenera Internacional no necesita información
obtenida de la matanza de ballenas y sus directivos han declarado
que la información científica de los balleneros
japoneses "no es requerida para el manejo". El comercio
de carne y grasa de las ballenas cazadas con una excusa científica
es sólo una pantalla para la venta de especies protegidas
en el mercado japonés.
Bajo el argumento de "captura con fines científicos"
y con permisos extendidos por el gobierno de Japón,
pescadores locales llevan a cabo también capturas vivas
de orcas. Las presas de estas capturas "cientificas"
son vendidas a oceanarios japoneses a u$s 250.000 cada una.
En el caso de las orcas, en los últimos años
los japoneses encuentran más redituable venderlas a
los acuarios que a los supermercados.
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