El falso mensaje de los neobienestaristas

Gary Francione | abril 11, 2009 | Traducción: Ana María Aboglio. Ediciones Ánima

© Gary Francione. © Traducción: Ana María Aboglio © 2009 Ediciones Ánima
Texto perteneciente al Blog personal de Gary Francione.
11 de abril de 2009.

Estimados/as colegas:

Estoy suscripto, entre otros, a un periódico titulado Farmed Animal Watch, producido periódicamente por Farmed Animal Net, que es un esfuerzo conjunto de People for the Ethical Treatment of Animals, Farm Sanctuary, The Humane Society of the United States, y otros.

Farmed Animal Watch reporta, principalmente, las investigaciones de “abusos” cometidos en las industrias de la carne y los productos animales, y varios esfuerzos llevados a cabo por la industria y las agencias gubernamentales para “mejorar” el tratamiento de estos animales. De acuerdo a su sitio web:

Farmed Animal Net se esfuerza para ser una fuente objetiva y confiable de información académica e industrial para los defensores de los animales, educadores, investigadores, medios de difusión, legisladores, y otros.

Como educador, yo estoy a favor de una fuente de información “objetiva, confiable.” Pero también estoy preocupado con el mensaje normativo que se está transmitiendo en muchas de las historias de Farmed Animal Watch.

Por ejemplo, en la última edición (8 de abril de 2009), aparece el siguiente relato:

1.- ALEGACIÓN DE ABUSO EN LA MAYOR GRANJA DE HUEVOS DE NUEVA INGLATERRA.

El 1° de abril, la policía estatal y los funcionarios del Departamento de Agricultura de Maine allanaron una granja de huevos conocida como Maine Contract Farming and Quality Egg off New England, después de que el grupo Mercy for Animals (MFA) entablara una denuncia para que se levantaran cargos civiles y penales contra la instalación y sus trabajadores. Un investigador de MFA presuntamente documentó abusos de animales en la instalación, desde mediados de diciembre a febrero. “Esto realmente nos indicó que parecía haber algunas tremendas violaciones del bienestar animal en el lugar,” afirmó el veterinario Don Hoenig, acerca de la documentación, la cual incluía: supervisores y otros empleados pateando gallinas vivas dentro de pozos de estiércol, agujeros en los pisos de las jaulas suficientemente grandes como para que las gallinas cayeran en los pozos de abajo, gallinas con partes de su cuerpo incrustadas en las estructuras de las jaulas incluyendo unas 150 que estaban imposibilitadas de acceder a la comida o al agua, jaulas con cuerpos en descomposición y huevos podridos, gallinas matadas de manera inhumana y gallinas vivas en la basura (ver: http://tinyurl.com/cf2gaa ).

El problema general, con este tipo de declaraciones es que, aunque se proponga ser una declaración de hechos, conlleva un mensaje normativo implícito: que hay alguna diferencia entre la instalación de Maine, que involucra “abuso,” y otras producciones intensivas de huevos. La realidad es que puede haber pequeñas diferencias, pero el tratamiento de todas las gallinas en la industria de producción de huevos no puede ser caracterizado de nada menos que de tortura.

La historia de Farmed Animal Watch reporta que Radlo Foods, el mayor distribuirdor de huevos de la costa este, anunció que “cortará los lazos con Quality Egg y “’planea “transformarse, dentro de 10 años, en una empresa que trabajará exclusivamente con huevos de aves libres de jaulas,’ lo que la convertirá en la primera empresa nacional en hacerlo.” Esto sugiere que hay una diferencia significativa entre los huevos de gallinas criadas en jaulas en batería convencionales y los huevos de gallinas “libres de jaulas”. Pero, como muestra con claridad el excelente material educativo producido por defensores tales como el Santuary Peaceful Prairie, cualquier sugestión de este tipo es absurda. Tortura es tortura. La cámara de tortura puede tener las paredes pintadas con un lindo color y tener algunos cuadros, pero sigue siendo una cámara de tortura, y cualquier “mejoría” sirve fundamentalmente para hacer que aquéllos que infligen la tortura se sientan mejor acerca de su ambiente y de su conducta hacia las víctimas.

Como abolicionista, mi punto de vista es (y he presentado la argumentación en numerosos ensayos y otros materiales en este sitio como así también en mis libros y artículos) que no podemos justificar el uso de animales no humanos sintientes, independientemente de si el tratamiento es o no “humanitario”. Esto es, si pudiéramos criar animales sin ningún sufrimiento y aflicción y matarlos sin dolor, seguiría siendo moralmente erróneo hacerlo así, porque la vida de todos los seres sintientes tiene un valor moral que impide que los tratemos exclusivamente como un recurso. Pero la realidad práctica es que no podemos criar animales sin ningún sufrimiento y aflicción y matarlos sin dolor; la realidad práctica es que todo producto animal que consumimos –sea de un supermercado local o de algún vendedor de carne/productos animales “felices” de alto costo, o de una pequeña granja familiar –es el resultado de un tratamiento que, clara e inequívocamente, consideraríamos como tortura, si esas víctimas fueran humanas. Algunos lugares pueden ser menos brutales que otros pero todos son terribles; todos implican sufrimiento, aflicción, y privación; todos implican muerte.

El movimiento neobienestarista, que promueve la idea de que podemos hacer este sistema de violencia y muerte mejor o más “humanitario,” está promoviendo un mensaje que creo que es falso. Acepto que los nuevos bienestaristas están actuando de buena fe cuando promueven los huevos “libres de jaulas”, pollos gaseados, o medidas tales como la Proposición 2 de California. Simplemente pienso que están seriamente equivocados, y no veo ninguna evidencia que sugiera que todas esas campañas estén haciendo algo más que hacer que los humanos se sientan más confortables acerca del hecho de consumir no humanos.

Ciertamente tenemos que dejar en claro al público la naturaleza del tratamiento de los animales que consumimos. Pero también deberíamos dejar en claro que este sistema no puede repararse de ninguna manera que no  a las preoapunte a las prreocupaciones morales fundamentales. Todo es abuso. Todo es moralmente injustificable. Nunca deberíamos usar el término “humanitario” para describir algún componente de esta máquina de violencia, tortura y muerte.

Recientemente, Home Box Office presentó un documental titulado Death on a Factory Farm, que presenta los horrores de una granja de cerdos en Ohio. La respuesta usual de aquellos que vieron este documental fue: “sí, ésa fue una granja horrible pero no todas son tan malas ¿no?” La breve respuesta es: sí, todas son tan malas y cuando algunas son mejores, aún son espantosas. Hay una diferencia entre ser torturado por 2 horas y ser torturado por 3 horas y 5 minutos. Pero es lo primero, ¿es moralmente aceptable o “humanitario” lo primero porque implica 5 minutos menos de tortura?

Tenemos que dejar de lado esta fantasía de que es posible producir productos animales sin tortura. Es imposible. Punto final. Repito que aún consideraría que la matanza de no humanos es moralmente errónea incluso si no fuera ése el caso, pero es el caso. Consumir animales necesariamente significa que apoyamos la tortura.

Hay una sola respuesta al reconocimiento de que los no humanos sintientes son miembros plenos de la comunidad moral: deberíamos hacernos veganos y usar medios creativos y no violentos para educar a todos los que podamos a hacer lo mismo. Nunca cambiaremos el paradigma moral si nuestro mensaje es que el problema es el “abuso” de alguna granja industrial de Maine, o que los huevos provenientes de gallinas “libres de jaulas” son algo más que un artificio que nos hace sentir mejor acerca de explotarlos.