Otro ejemplo más de esquizofrenia moral

Gary Francione | junio 22, 2009 | Traducción: Ana María Aboglio. Ediciones Ánima.

© Gary Francione. © Traducción: Ana María Aboglio © 2009 Ediciones Ánima.
Texto perteneciente al Blog personal de Gary Francione.
22 de junio de 2009.

Estimados/as colegas:

Por muchos años he estado usando la expresión “esquizofrenia moral” para describir la manera confusa y engañosa con la que nosotros, los humanos, pensamos acerca del estatus moral de los animales no humanos.

Esta mañana, vi un ejemplo de esquizofrenia moral que incluso yo encuentro absolutamente notable.

Associated Press está divulgando una historia: Great white sharks hunt just like Hannibal Lecter. [Los grandes tiburones blancos cazan exactamente como Hannibal Lecter] De acuerdo a la historia, personas que aparentemente son consideradas como científicos, afirman:

Los grandes tiburones blancos tienen algunas cosas en común con los asesinos seriales, dice un nuevo estudio: ellos no atacan al azar, sino que buscan víctimas específicas, mientras acechan y merodean escondidos.

Los tiburones esperan y observan desde un punto no muy cercano, no muy lejano, cazan de forma estratégica, y aprenden de sus ataques previos, de acuerdo a un estudio publicado en línea, el lunes, en el Journal of Zoology. Los investigadores usaron un método clasificatorio del perfil de los asesinos en serie para calcular exactamente cómo caza el temible depredador oceánico, algo muy difícil de observar fuera de la superficie.

Ahora pensemos acerca de esto por un segundo. Los animales no humanos son como los asesinos seriales porque ellos cazan estratégicamente y porque toman decisiones deliberadas acerca de lo que van a comer.

¿Esto es algún tipo de chiste?

¿No hacen lo mismo los cazadores humanos? Por supuesto que sí.

Curiosamente, el artículo afirma:

Hay una enorme diferencia entre los grandes tiburones blancos y los asesinos seriales, y ésta se resume en el viejo modelo detectivesco: el motivo. Los grandes tiburones blancos atacan para comer y sobrevivir, no por la emoción de hacerlo. Y los grandes tiburones blancos son majestuosas criaturas que deben ser salvadas, dijo Hammerschlag.

Pero la mayoría de los cazadores humanos no cazan para sobrevivir; cazan porque disfrutan acechando y matando. ¿No los hace eso más parecidos a los asesinos seriales, de acuerdo a la definición que de los mismos da el propio artículo? Ciertamente me parece que ésa es la lógica ineludible del artículo.

El hecho de que los animales no humanos actúen estratégicamente para conseguir comida no los diferencia del cazador humano –o, para esa cuestión, del consumidor que toma decisiones respecto de la comida, mientras él o ella recorre los pasillos del supermercado.

Más aún, el comportamiento de merodeo y acechanza de la presa que tienen los tiburones (y otros no humanos) es una evidencia bastante fuerte de que los no humanos son cognitivamente sofisticados y capaces de pensar racionalmente. Como ustedes saben, mi teoría de los derechos de los animales, requiere solamente que los no humanos sean seres sintientes para ser miembros plenos de la comunidad moral. No es necesario ningún otro atributo cognitivo. Es decir, siempre que los animales sean perceptivamente conscientes y puedan sentir dolor, tenemos la obligación moral de no tratar a tales animales como recursos para fines humanos. Pero estos comportamientos de acechanza, ciertamente indican que la filosofía occidental, que tradicionalmente le ha negado pensamiento racional a los animales, está totalmente equivocada. Verdaderamente, el análisis de este comportamiento de acechanza por parte de estos investigadores, es una evidencia precisa de que a algunos humanos les falta la habilidad de pensar racionalmente.

Con el objetivo de sentirnos “superiores” y de perpetuar la fantasía de los no humanos como los “otros”, decimos que una actividad que caracteriza nuestro propio comportamiento es análoga (y en el caso de los cazadores humanos, la analogía es mucho más apropiada) a la actividad de un “asesino serial”. Este es un perfecto ejemplo de pensamiento confuso y engañoso; esto es lo que quiero decir cuando hablo de esquizofrenia moral.