Acercamientos a la antivivisección

Yossi Wolfsonn | septiembre 2004| Traducción: M.Tonelli y A. M. Aboglio Autorizada por Anonymous. Ediciones Ánima.

En diciembre de 2000, el Comité Israelí para la Experimentación en Animales, organizó una conferencia en Tel-Aviv. El punto sobresaliente de la conferencia fue una emotiva lectura del profesor Hagai Bergman (de la Universidad Israelí en Jerusalén) concerniente a los avances en la investigación sobre la enfermedad de Parkinson alcanzada mediante la experimentación en monos. El mismo Bergman participó en la investigación, en donde los monos eran envenenados con la neuro toxina MPTP, que causa algunos síntomas similares a los de la enfermedad de Parkinson. Estos síntomas desaparecían luego de una cirugía en la región del cerebro conocida como núcleo hipotalámico . Al final del experimento los monos se mataban. Luego de describir el experimento, Bergman procedió a leer una conmovedora historia del sufrimiento de un paciente de EP y su recuperación luego de la cirugía cerebral a la que fue sometido. Lo que “olvidó” explicar fue el tipo de cirugía que llevó a la recuperación del paciente: una intervención en un punto diferente del cerebro (el globus pallidus, o “globo pálido”), un procedimiento que se conoce desde hace décadas, mucho antes que el desarrollo del modelo de envenenamiento de monos con MPTP. Un informe axiomático del Comité Médico para la Modernización de la Medicina, analizando el progreso de los tratamientos neuroquirúrgicos y el modelo MPTP, muestra que el progreso en el tratamiento de la enfermedad no fue conseguido por la experimentación animal, y que el modelo MPTP difiere en detalles esenciales de la enfermedad real.

La conferencia de Bergman demuestra muy bien las técnicas de propaganda usadas por la industria de la experimentación animal. El objetivo es centrar el debate acerca de la vivisección en la pregunta “¿qué es más valioso: la vida de un humano o la de un animal?” Para conseguirlo, la industria de la vivisección trata de persuadir al público que los (“a veces” dolorosos) experimentos en animales nos han permitido curar las enfermedades que asolan nuestras vidas, y continuarán haciéndolo en el futuro. Sobre la base de esta presunción fáctica, los viviseccionistas preguntan: “¿Qué elige? ¿El bebé o el perro?”. Imagino que no se equivocan al suponer lo que la mayoría de la gente contestaría a esta pregunta. Están justificados al pensar que la mayoría del público es especiecista, y eso hace que el dolor humano sea más perturbador que el mismo, o más intenso, dolor de un animal de otra especie. Los humanos tradicionalmente le otorgan mayor peso a los intereses de su propia gente, país, raza o clase social, y un peso relativo a los intereses de los otros, y esto tambien se expresa en sus actitudes concernientes a los animales de otras especies. Los viviseccionistas asumen correctamente que el sentido de compasión humano es usualmente mas débil que sus tendencias egoístas.

Tomar el dilema moral que involucra la experimentación animal como un conflicto entre intereses humanos y animales, sirve al propósito de los viviseccionistas. También es muy tentador: este dilema está muy bien definido, es fácil de discutir en cualquier grupo de gente, los argumentos a favor y en contra son fácilmente reconocibles, y, lo más importante: el debate puede ser llevado fuera del mundo real, privado del contexto político, social, económico de la experimentación animal. En mi opinión, es nuestra responsabilidad como impugnadores de la vivisección cambiar la agenda del debate público, para redefinir la pregunta básica, y reconectarla con el contexto politico-social en el que los experimentos con animales son llevados a cabo.

Una forma de examinar la vivisección de esta manera es viendo quienes se benefician con ella. Un círculo de los beneficiados son los mismos vivisectores. Ellos se ganan la vida investigando, y así obtienen avances profesionales y mayor status social. Un círculo mayor comprende a los laboratorios, veterinarios, y funcionarios de institutos de investigación y publicaciones científicas. Los mismos institutos de investigación se benefician, obteniendo fondos, prestigio, y en ciertos casos registros de patentes para desarrollos aplicables. La mayoría de las personas de estos grupos tienen un título académico, que proviene de un entorno socio-economico alto, y la mayoría, especialmente la categoría más alta, son hombres. Un círculo diferente de beneficiarios está compuesto de compañías comerciales y sus accionistas. Las compañías farmacéuticas, químicas y de cosméticos manejan experimentación en animales para conocer los requerimientos de seguridad de las autoridades sanitarias, y asegurarse contra futuras demandas legales si sus productos resultaran dañinos. La cultura del consumo demanda productos nuevos con frecuencia, aunque los productos conocidos y seguros estén disponibles. Como resultado, nuevos descubrimientos, obtenidos de experimentación con animales, aumentan las ganancias de las compañías. Finalmente, compañías menos conocidas se benefician: criadores y proveedores de animales, fabricantes y distribuidores de jaulas y equipos de laboratorio, y vendedores de comida para animales. La vivisección es, entonces, un negocio rentable.

Otra manera de ver la vivisección en su contexto socio-político, es determinar qué acciones han verdaderamente colaborado con sus supuestos beneficiados, de acuerdo a los viviseccionistas. Si realmente buscamos luchar contra la enfermedad, deberíamos invertir recursos en nuestro sistema de salud, para darle a todos seguridad médica de calidad y abarcativa, en vez de crear una sociedad en donde el cuidado de la salud es sólo para los ricos. Si nos importan los pacientes de la enfermedad de Parkinson, deberíamos proveerlos de cuidados acordes a sus necesidades. En los EEUU, el líder en experimentación animal, la salud pública se arrastra, y los procedimientos médicos no son accesibles a la mayoría de los pacientes. Lo que deberíamos haber hecho, si queríamos promover la salud humana, era prevenir el daño en primer lugar. La inversión en el sistema sanitario podría haber prevenido la mayor parte de las enfermedades infecciosas, que sigue siendo una de las mayores causas de muerte en el tercer mundo. La reducción de la polución ambiental podría haber prevenido enfermedades respiratorias. La educación y distribución de profilácticos y agujas descartables podría haber detenido la epidemia del SIDA. Un cambio de prioridades en cuanto al transporte público, y el fomento a los viajes en tren en vez de pavimentar más caminos para los autos privados, habría minimizado los daños a causa de accidentes de tránsito. El reforzamiento en los estándares de seguridad de las fábricas habría reducido el número de accidentes de trabajo y el daño a consecuencia de la exposición a materiales peligrosos. El fomento de la nutrición de productos no animales habría reducido la tasa de cáncer y enfermedades del corazón.

Es sabido: todas las industrias buscan ganancias. Las prioridades sociales juegan a favor de aquéllos con poder social y contra los más débiles en otras áreas. La razón del colapso de nuestros sistemas de salud, transporte y cuidado del medioambiente no termina sólo con la experimentación en animales. La vivisección no es el único mecanismo social que concentra recursos en las manos de grupos acomodados en lugar de distribuirlos para el beneficio de la población, especialmente para aquéllos con menos recursos. Sin embargo la industria de la vivisección es única en que, mientras daña a los elementos más débiles de la sociedad (por ejemplo: los animales), defiende su propia legitimidad con argumentos fraudulentos: es necesario, supuestamente, para los pobres y enfermos. Exponer esta estafa es, en mi opinión, la clave (o al menos, una de ellas) para abolir la vivisección.

Aquí es donde aparece la importancia del argumento científico. No debemos permitir que los Hagai Bergman del mundo desinformen a la población. La historia de la medicina muestra -no sólo en el caso de la enfermedad de Parkinson- que la experimentación animal tuvo un rol mínimo (si tuvo alguno) en el avance de la medicina. Un examen de la metodología de la experimentación en animales eleva serias dudas con respecto a la posibilidad de obtener resultados relevantes para los humanos. Es importante familiarizarse con estos hechos históricos, tanto como los detalles de los argumentos científicos contra la vivisección. Esta es una tarea demandante. Requiere estudio. Requiere familiaridad con términos y temas que no siempre nos interesan. Enfocarse en el argumento científico a veces puede dar la impresión de que, en el hipotético caso en que los experimentos en animales hicieran avanzar la medicina, los justificaríamos. Es importante hacer hincapié en que esa no es nuestra intención cuando ponemos de manifiesto este argumento. Todo lo que pedimos es exponer la desinformación y el carácter demagógico de las afirmaciones de los viviseccionistas.

Los antiviviseccionistas son acusados a menudo de sentimentalistas. El uso de fotos conmovedoras de perros en jaulas y monos en sillas que les impiden moverse refuerza esa imagen. Se entiende: es nuestro deber exponer al público la horrible realidad de los laboratorios. Pero debemos recordar que cuando se trata de emocionalidad, los viviseccionistas son más exitosos. Porque ¿qué es “el bebé o el perro” sino un argumento emotivo? Y las fotos de los enfermos de Parkinson de Hagai Bergman mostradas en el comité israelí ¿no se dirigían a la emotividad pública más que las nuestras? Todo el horror ante el sufrimiento de otros no puede superar el terror a sufrir lo que podrías experimentar vos mismo.

Exponer el sufrimiento causado a los animales no es suficiente. Tenemos que respaldar el shock emocional con pensamientos racionales. Tenemos a nuestra disposición dos argumentos racionales, y no debemos abandonar ninguno. El primero es moral: preferir los intereses de un individuo sobre otros, sólo por la especie biológica, es una discriminación que no puede ser moralmente justificada. El segundo es socio-político: los experimentos en animales no ayudan a la gente que lo necesita. El uso de gente necesitada para justificar la crueldad hacia los animales es cínico y engañoso. Ninguno de los argumentos es simple. El primero posee implicaciones de largo alcance en nuestra relación con los animales en otros campos. El segundo nos conmina a estudiar. La vía fácil, la de jugar con las emociones de la gente acerca del terrible sufrimiento de los animales (y nada más) sirve al tipo de diálogo que los viviseccionistas buscan mantener: un diálogo emocional en donde el sufrimiento humano y el animal compiten por la condolencia pública.